Archivo de Agosto 2004|Página de archivo por mes
Los nuevos perseguidos
Los cristianos perseguidos
Por José María Carabante Muntada
La editorial Encuentro acaba de publicar un breve libro Los nuevos perseguidos del periodista italiano Antonio Socci. En él se dan cifras de lo que han supuesto las matanzas de cristianos en el siglo XX. Cristianos perseguidos a los que los medios de comunicación no sacan en las portadas de los periódicos. Por ello, hay que dar la bienvenida a este tipo de libros que ayudan a que la sociedad conozca a estos modernos mártires cristianos.
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La cruzada de socialistas y comunistas en el siglo XXI contra los catlicos
Leo esta carta al Director en Hispanidad.com
La cruzada de socialistas y comunistas en el siglo XXI contra los católicos
Sr. Director:
Como católico, apostólico y romano agradezco el ataque que un día y otro nos lanzan desde instituciones públicas, partidos políticos y medios de comunicación. Y es que nos van a sacar del armario a más de uno. Parece ser que los progres tienen morriña de aquel mítico eslogan “cristianos a los leones”, o de aquello que cantaban, y quizá canten todavía, en la intimidad los de partido comunista y socialista -ahora PSOE e Izquierda Unida- “si supieran los curas y frailes la paliza que van a llevar”. Momentos después se quemaban conventos e iglesias, curas y laicos. Quizás han olvidado que la persecución religiosa de la España de los años 30 llevada a cabo desde las izquierdas (los progres de la época) hizo que muchos católicos tuvieran que salir del armario antes de que este ardiera con ellos dentro.
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Los nuevos perseguidos
Los cristianos perseguidos
Por José María Carabante Muntada
La editorial Encuentro acaba de publicar un breve libro Los nuevos perseguidos del periodista italiano Antonio Socci. En él se dan cifras de lo que han supuesto las matanzas de cristianos en el siglo XX. Cristianos perseguidos a los que los medios de comunicación no sacan en las portadas de los periódicos. Por ello, hay que dar la bienvenida a este tipo de libros que ayudan a que la sociedad conozca a estos modernos mártires cristianos.
La cruzada de socialistas y comunistas en el siglo XXI contra los católicos
Leo esta carta al Director en Hispanidad.com
La cruzada de socialistas y comunistas en el siglo XXI contra los católicos
Sr. Director:
Como católico, apostólico y romano agradezco el ataque que un día y otro nos lanzan desde instituciones públicas, partidos políticos y medios de comunicación. Y es que nos van a sacar del armario a más de uno. Parece ser que los progres tienen morriña de aquel mítico eslogan “cristianos a los leones”, o de aquello que cantaban, y quizá canten todavía, en la intimidad los de partido comunista y socialista -ahora PSOE e Izquierda Unida- “si supieran los curas y frailes la paliza que van a llevar”. Momentos después se quemaban conventos e iglesias, curas y laicos. Quizás han olvidado que la persecución religiosa de la España de los años 30 llevada a cabo desde las izquierdas (los progres de la época) hizo que muchos católicos tuvieran que salir del armario antes de que este ardiera con ellos dentro.
LA IMAGEN CRISTIANA DEL HOMBRE
Josef Pieper
LA IMAGEN DEL HOMBRE EN GENERAL
La segunda parte de la Summa theologica del Doctor Común de la Iglesia, que se refiere a la Teología moral, comienza con esta frase:
«Puesto que el hombre fue creado a semejanza de Dios, después de tratar de El, modelo originario, nos queda por hablar de su imagen, el hombre». Sucede con esta frase lo que con tantas otras de Santo Tomás: la evidencia con que la expresa, sin darle gran relieve, oculta fácilmente el hecho de que su contenido no es de ningún modo evidente. Esta primera proposición de la Teología moral refleja un hecho del que los cristianos de hoy casi han perdido la conciencia: que la moral es, sobre todo y ante todo, doctrina sobre el hombre; que tiene que hacer resaltar la idea del hombre y que, por tanto, la moral cristiana tiene que tratar de la imagen verdadera del mismo hombre. Esta realidad era algo muy natural para la cristiandad de la Alta Edad Media. De esta concepción básica, cuya evidencia ya se había puesto en duda, como indica su formulación polémica, nació, dos siglos después de Santo Tomás de Aquino, la frase de Eckhart: «Las personas no deben pensar tanto lo que han de hacer como lo que deben ser». Sin embargo, la moral, y sobre todo su enseñanza, perdieron después, en gran parte, estas perspectivas por causas difíciles de comprender y aquilatar, hasta tal punto que incluso aquellos textos de Teología moral que pretendían estar expresamente escritos según el espíritu de Santo Tomás diferían de él en este punto capital. Esto explica algunas causas del porqué al cristiano medio de hoy apenas se le ocurre pensar que en moral pueda conocerse algo sobre el verdadero ser del hombre, sobre la idea del hombre. Al contrario, asociamos el concepto de moral la idea de una doctrina del hacer y, sobre todo, del no-hacer, del poder y no-poder, de lo mandado y lo prohibido. La primera doctrina teológico-moral del Doctor Común es ésta: «La moral trata de la idea verdadera del hombre». Naturalmente que también ha de tratar del hacer, de obligaciones, mandamientos y pecados; pero su objeto primordial, en que se basa todo lo demás, es el verdadero ser del hombre, la idea del hombre bueno.
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Mero Cristianismo
Introducción de C. S. Lewis a su libro
Mero Cristianismo
El «MERO CRISTIANISMO»
de C. S. Lewis
C.S. Lewis (1898-1963), en su libro “Mero Cristianismo” (*) se define como un laico ordinario de la Iglesia de Inglaterra, que cree que el mejor -y tal vez el único- servicio que puede prestar a su prójimo no creyente es exponer la fe que ha sido común a casi todos los cristianos de todos los tiempos; lo que él llama “mero cristianismo”. Su intención no es presentarlo como una alternativa a los credos de las confesiones cristianas, sino destacar lo mucho que éstas comparten frente a lo que todavía hoy las separa. Por gentileza de Ediciones Rialp, presentamos en Editorial Mandruvá la edición electrónica del prefacio de este libro que refleja en todo su esplendor la profundidad y agudeza del pensamiento de C. S. Lewis, así como su rara capacidad para “conectar” con sus oyentes.
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LA IMAGEN CRISTIANA DEL HOMBRE
Josef Pieper
LA IMAGEN DEL HOMBRE EN GENERAL
La segunda parte de la Summa theologica del Doctor Común de la Iglesia, que se refiere a la Teología moral, comienza con esta frase:
«Puesto que el hombre fue creado a semejanza de Dios, después de tratar de El, modelo originario, nos queda por hablar de su imagen, el hombre». Sucede con esta frase lo que con tantas otras de Santo Tomás: la evidencia con que la expresa, sin darle gran relieve, oculta fácilmente el hecho de que su contenido no es de ningún modo evidente. Esta primera proposición de la Teología moral refleja un hecho del que los cristianos de hoy casi han perdido la conciencia: que la moral es, sobre todo y ante todo, doctrina sobre el hombre; que tiene que hacer resaltar la idea del hombre y que, por tanto, la moral cristiana tiene que tratar de la imagen verdadera del mismo hombre. Esta realidad era algo muy natural para la cristiandad de la Alta Edad Media. De esta concepción básica, cuya evidencia ya se había puesto en duda, como indica su formulación polémica, nació, dos siglos después de Santo Tomás de Aquino, la frase de Eckhart: «Las personas no deben pensar tanto lo que han de hacer como lo que deben ser». Sin embargo, la moral, y sobre todo su enseñanza, perdieron después, en gran parte, estas perspectivas por causas difíciles de comprender y aquilatar, hasta tal punto que incluso aquellos textos de Teología moral que pretendían estar expresamente escritos según el espíritu de Santo Tomás diferían de él en este punto capital. Esto explica algunas causas del porqué al cristiano medio de hoy apenas se le ocurre pensar que en moral pueda conocerse algo sobre el verdadero ser del hombre, sobre la idea del hombre. Al contrario, asociamos el concepto de moral la idea de una doctrina del hacer y, sobre todo, del no-hacer, del poder y no-poder, de lo mandado y lo prohibido. La primera doctrina teológico-moral del Doctor Común es ésta: «La moral trata de la idea verdadera del hombre». Naturalmente que también ha de tratar del hacer, de obligaciones, mandamientos y pecados; pero su objeto primordial, en que se basa todo lo demás, es el verdadero ser del hombre, la idea del hombre bueno.
Mero Cristianismo
Introducción de C. S. Lewis a su libro
Mero Cristianismo
El «MERO CRISTIANISMO»
de C. S. Lewis
C.S. Lewis (1898-1963), en su libro “Mero Cristianismo” (*) se define como un laico ordinario de la Iglesia de Inglaterra, que cree que el mejor -y tal vez el único- servicio que puede prestar a su prójimo no creyente es exponer la fe que ha sido común a casi todos los cristianos de todos los tiempos; lo que él llama “mero cristianismo”. Su intención no es presentarlo como una alternativa a los credos de las confesiones cristianas, sino destacar lo mucho que éstas comparten frente a lo que todavía hoy las separa. Por gentileza de Ediciones Rialp, presentamos en Editorial Mandruvá la edición electrónica del prefacio de este libro que refleja en todo su esplendor la profundidad y agudeza del pensamiento de C. S. Lewis, así como su rara capacidad para “conectar” con sus oyentes.
El Ocio y la Vida Intelectual
La ratio es la facultad del pensar discursivo, del buscar e investigar, del abstraer, del precisar y concluir. El intellectus, en cambio, es el nombre de la razón en cuanto que es la facultad del simplex intuitus, de la simple visión, a la cual se ofrece lo verdadero como al ojo el paisaje.
Ahora bien la facultad cognoscitiva espiritual del hombre, y así lo entendieron los antiguos, es ambas cosas: ratio e intellectus; y el conocer es una actuación conjunta de ambas. El camino del pensar discursivo está acompañado y entretejido por la visión comprobadora y sin esfuerzo del intellectus, el cual es una facultad del alma no activa sino pasiva, o mejor dicho receptiva; una facultad cuya actividad consiste en recibir … la actuación de la ratio , el pensar discursivo, es trabajo, actividad esforzada. La simple visión del intellectus, la intuición, sin embargo no es trabajo.
Josef Pieper, El Ocio y la Vida Intelectual
De C.S Lewis
¿Qué significa eso de que tengo que amar a mi prójimo como a mí mismo?; ¿concretamente, cómo me amo a mí mismo?
Si lo pienso un poco, encuentro que no tengo exactamente un sentimiento de cariño o afecto por mí, y ni siquiera gozo siempre de mi propia compañía. Así es que aparentemente “Ama a tu prójimo” no significa “siente cariño” por él o “encuéntralo atractivo”. Eso es obvio, en realidad, porque no se puede sentir cariño por una persona haciendo un esfuerzo.
¿Pienso bien de mí mismo, creo que soy un sujeto agradable? Bien, temo que a veces sí lo hago (y, sin duda, ésos son mis peores momentos), pero ésa no es la razón de que me ame. De hecho, es al revés: podré decir que “me soy agradable porque me quiero a mí mismo” ; pero nunca diré que “me quiero a mí mismo porque me agrado”. Así es que amar a mis enemigos aparentemente tampoco significa creerlos agradables. Y eso es un enorme alivio; porque a veces imaginamos que perdonar a nuestros enemigos significa darse cuenta de que, después de todo, realmente no son tan malas personas, cuando es evidente que lo son.
Demos un paso más. En mis momentos más lúcidos no sólo no me creo un hombre agradable, sino que sé que soy bastante odioso. Algunas de las cosas que he hecho me producen horror y disgusto. Así es que aparentemente se me permite abominar y odiar algunas de las cosas que hacen mis enemigos. Y ahora que lo pienso, recuerdo a algunos maestros cristianos que me decían hace mucho tiempo que debo odiar las acciones de un hombre malo, pero no odiar al hombre malo; o, como ellos lo decían, odiar el pecado pero no al pecador.
Durante mucho tiempo pensé que ésta era una distinción tonta que se quedaba en sutilezas: ¿cómo se podía odiar lo que un hombre hacía y no odiar al mismo hombre? Pero años después se me ocurrió que había una persona a quien yo le había estado haciendo eso durante toda mi vida: yo mismo.
Por más que me repugnara mi propia cobardía o soberbia o codicia, seguía queriéndome. Sin la menor dificultad. De hecho, la razón exacta de que yo odiara esas cosas es que amaba al hombre: justamente porque me amaba, me dolía encontrar que era la clase de persona que hacía esas cosas.
Por eso, el cristianismo no quiere reducir ni en un átomo el odio que sentimos por la crueldad y la traición. Debemos odiarlas. No debemos retractar ni una sola de las palabras que hemos dicho contra ellas.
Pero el cristianismo sí quiere que las odiemos de la misma forma en que odiamos algo en nosotros mismos: lamentando que esa persona lo haya hecho, y esperando que -si de alguna manera es posible- de algún modo, alguna vez, en algún lugar, pueda sanar y hacerse humana nuevamente.
Es fácil engañarse sobre esto. La verdadera prueba es ésta:
Supongamos que uno lee en el diario una historia de atrocidades inmundas cometidas por nuestros “enemigos”. Supongamos que después surge algo que indica que esa historia podría no ser completamente verdadera, o no tan mala como se la presentó.
Lo primero que uno siente, es ¿”gracias a Dios que ni siquiera ellos son tan malos”, o un sentimiento de desilusión, e incluso una decisión de aferrarse a la primera historia por el simple placer de creer a nuestros enemigos lo más malos posibles? Si lo segundo, es de temer que se trate del primer paso en un proceso que, si lo seguimos hasta el final, hará demonios de nosotros. Uno empieza a desear que el negro sea un poquito más negro. Si damos rienda suelta a ese deseo, más tarde desearemos ver el gris como negro, y luego ver el blanco mismo como negro. Finalmente, insistíremos en ver todo -Dios y nuestros amigos, incluso nosotros mismos- como malo, y no podremos parar de hacerlo: nos quedaremos fijos para siempre en un universo de odio puro.
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