Existe una persecucin contra los catlicos?
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La pregunta no es baladí, porque cada vez nuestra sociedad vive más situaciones que ponen de relieve que el hecho de profesar públicamente el catolicismo es un factor de riesgo o, si ustedes quieren, de discriminación. Aquellos que, desde responsabilidades públicas, han mantenido la coherencia entre su fe y la actividad que desempeñan lo han sufrido en sus propias carnes. El católico es el único al que esta sociedad le exige que renuncie a sus creencias para actuar públicamente. Si uno es ateo, masón, musulmán o lo que se quiera, no tiene ningún problema para defender públicamente que sus ideas preconizan el mejor modelo de sociedad y, por tanto, para proponer a los demás que las asuman o que al menos acepten sus proyectos. Nada de esto puede hacer un católico. La cosa ha llegado a un extremo tal que el diario EL PAÍS critica la adscripción de una persona al Opus Dei para dar por sentado que no puede ocupar con propiedad un cargo en la Magistratura o en un comité científico.
Aún hay demasiados creyentes que quieren ignorar esta realidad y aducen su situación personal. En realidad, ésta se reduce a dos posiciones: o la tibieza más absoluta, lo que le permite aceptar todo lo que digan o hagan sin importar lo contradictorio que es con lo que dice creer, o aquellos otros que, peor todavía, intentan adaptar la institución creada por Jesucristo a los usos y costumbres del mundo. Determinados “progres” dejan al constantinismo (control del Estado sobre la Iglesia) en un juego de niños dentro de su intento de acatar lo que les manda EL MUNDO.
Lo que ahora ha sucedido con la FERE forma parte de este proceso sistemático que evidentemente, faltaría más, entre otras cosas, sería anticonstitucional. Nunca se hará en nombre del propósito verdadero, la liquidación del católico, sino que siempre obedecerá a “procesos administrativos”. Nada nuevo bajo el sol. La disidencia política y cultural en los países comunistas se hartó de experimentar este tipo de procedimiento, donde la burocracia de la despersonalización encubría la agresividad del laicismo de la exclusión religiosa, y la persecución será mas fácil en la medida en que continuemos dispersos, fragmentados, sin unidad de propósito ni objetivo político, que no tiene por qué necesariamente traducirse en partido político pero sí, con absoluta certeza, en una fuerza social capaz de defender de entrada algo tan elemental como son los derechos humanos aplicados a nosotros mismos. Nadie puede ser discriminado en razón de su religión.