Archivo de Julio 2004|Página de archivo por mes

Desabortemos

Cristina López Schlichting
La revista «Época» y el diario «El Mundo» han prestado un generoso servicio a la verdad publicando las ecografías cuatridimensionales que demuestran la pujanza y la vida de los fetos. En las fotografías de los embarazos, de 26 y de 12 semanas respectivamente, se ven bebés perfectamente formados gestualizando, chupándose el dedo, bostezando. Tan fuerte ha sido el impacto en la opinión que, en Gran Bretaña, al menos dos madres jóvenes se han echado atrás en su decisión de abortar y en el Parlamento se han oído voces pidiendo la reducción del plazo para interrumpir los embarazos, situado actualmente en 22 semanas. En España es posible abortar hasta el día antes del parto, porque no hay límite de fecha en caso de «peligro para la salud física o psíquica de la madre», supuesto al que se acoge el 96,8 por 100 de las 77.000 mujeres que abortan anualmente. Son muy pocos los casos de malformación del feto o violación. Si el aborto de por sí entraña riesgos (infecciones, endometriosis, problemas renales, depresiones) imagínense ustedes el panorama cuando lo que el ginecólogo tiene que «sacar» del útero es un feto de cinco, seis o más meses, que hay que matar, literalmente, y despedazar antes de proceder al legrado. Durante muchos años, con la excusa de no querer penalizar a la madre que aborta, muchos hemos mirado hacia otro lado en este asunto. Nadie va a devolver ahora la vida a los niños abortados, pero superados ya muchos prejuicios asociados a batallas paralelas (igualdad hombre-mujer, incorporación laboral de la mujer, vergüenza por la maternidad en soltería) es hora de empezar a pensar si es justo lo que está ocurriendo. Porque la ley tiene que ver con la justicia. El progreso técnico nos ha permitido fotografiar a los fetos en el útero y conmovernos, ¿vamos a quedarnos indiferentes? ¿No hay mejor forma de solucionar los problemas indudables que entraña un embarazo precoz o no deseado? No voy a pedir que ningún partido abandere la lucha antiabortista, porque no soy ingenua, pero es hora de abrir un debate sobre los recursos destinados, en primer lugar, a las madres embarazadas en circunstancias difíciles y, en segundo, sobre la vigilancia real de las clínicas privadas, donde cualquier deseo de aborto es enmascarado como grave riesgo sanitario. ¿Cómo es posible que los partes de aborto estén firmados en España por médicos a sueldo de estas clínicas, que se benefician de ese gigantesco negocio? En cuanto a nosotros, los agentes sociales y asociaciones pro-vida, aconsejaría más realismo. De nada sirve plantear una batalla frontal contra el aborto en una sociedad insensible. Mientras enseñamos que la fecundación es el origen de la vida, porque genera un embrión con carga genética individualizada y completa, y sembramos así un cambio cultural, planteemos tácticamente un objetivo más modesto para una primera reforma de la ley. Empecemos por pedir las doce semanas como plazo máximo en todos los supuestos. Y si alguien duda, mostrémosle las nuevas ecografías y los preciosos gestos de los no nacidos.

Los embriones humanos como materia prima

Justo Aznar

En estos días ha sido noticia la obtención de las primeras líneas celulares desarrolladas en España a partir de embriones humanos congelados excedentes de fecundación in vitro, experiencia realizada por investigadores del Instituto Valenciano de Infertilidad.
Es difícil que nadie se atreva a disentir sobre la bondad de estas experiencias que se vinculan a la posibilidad de tratar diversas enfermedades hoy incurables. Sin embargo, la opinión unánime de todo el mundo científico es que al menos habrán de transcurrir entre cinco y diez años para que las células madre –no las embrionarias, sino las adultas– puedan ser utilizadas en la práctica clínica para curar algunas de estas enfermedades. De las células madre obtenidas de embriones humanos, ni se prevé cuándo podrán ser aplicadas con finalidad curativa.

Por ello, unir este hecho experimental con el tratamiento de enfermedades incurables me parece que es intentar utilizar el dolor de los enfermos para justificar unas experiencias biomédicas que ineludiblemente llevan unida la destrucción de un elevado número de embriones humanos, algo difícil de admitir desde un punto de vista ético.

En efecto, según el comunicado emitido por los responsables de estas experiencias científicas, “se empezaron las mismas con 16 embriones, de un total de 40 embriones congelados que llegaron al nivel de blastocisto”. Es decir, que estas dos líneas celulares no se obtuvieron de embriones de 4 a 6 células recién descongelados, cuya viabilidad podría ser incierta, sino que estos embriones se cultivaron hasta la fase de blastocisto, embriones de 60 a 100 células, por supuesto totalmente viables, y de ellos es de donde se obtuvieron las dos líneas celulares. Esto implica que se requirió, al menos, la destrucción de 40 embriones humanos para poder obtener las dos líneas celulares.

¿Cuántos embriones destruidos?

Pero lo que no conocemos es de cuántos embriones se partió para obtener los 40 blastocistos útiles. Probablemente de más de un centenar, cifra acorde con la opinión científica mayoritaria que sostiene que para obtener una línea celular de adecuada calidad, susceptible de ser utilizada en experiencias biomédicas, hay que partir de entre 100 y 200 embriones humanos de buena calidad.

Hay investigadores, como los que han llevado a cabo estas experiencias, a quienes les parecerá éticamente correcto destruir 100 embriones humanos para obtener una línea de células madre embrionarias para sus investigaciones básicas biomédicas. Pero a mí me parece que esto es injustificable desde el punto de vista ético.

Sin duda, la investigación básica de todo lo relacionado con las primeras etapas de la vida embrionaria humana es muy importante, pero habría que buscar otros medios que no lleven aparejada la destrucción de embriones humanos.

Pero además de todo lo anterior, conviene no olvidar que para poder curar a un enfermo concreto hay que utilizar células madre obtenidas de embriones clonados a partir de material genético del propio enfermo que se quiere tratar. Es decir, hay que producir un ser humano clónico del paciente, cosa que hasta ahora no se ha conseguido, y que por supuesto no se da en las experiencias realizadas en el Instituto Valenciano de Infertilidad.

Nunca las células madre obtenidas de embriones congelados excedentes de fecundación in vitro, como es el caso que se comenta, pueden ser útiles para curar directamente a un paciente. Pueden servir para realizar experiencias que quizá en un futuro aporten alguna luz para este tipo de tratamientos, pero en el momento actual no se puede afirmar que con estas dos líneas celulares se va a poder tratar patologías humanas hasta ahora incurables. Esto es desinformar a la opinión pública y crear en los pacientes falsas expectativas de curación.

Al margen de la ley y de la ética

Un tercer aspecto de esta noticia es a su difícil encaje en el marco legal que actualmente regula este tipo de experiencias en España. Como bien se sabe, la ley que debe regular la utilización de embriones congelados sobrantes de fecundación in vitro para experiencias biomédicas, fue aprobada por el Parlamento el pasado 23 de noviembre; pero para su aplicación debía redactarse un reglamento que regulase, entre otras cosas, las condiciones en las que los padres biológicos de los embriones deberían autorizar su uso, reglamento que todavía no ha visto la luz. De modo que en el momento actual no existe una legislación específica que regule en España este tipo de experiencias. Pero, además, los mismos responsables de estas investigaciones han manifestado que éstas se iniciaron hace dos años y medio. Es decir, mucho antes de que se aprobara la ley.

Es necesario que estas experiencias se desarrollen dentro del marco legal, pero considero aún más importante que lo hagan dentro de un marco ético, Pero en este caso, las experiencias que se comentan no sólo son éticamente inadmisibles, sino también ilegales.

Justo Aznar es jefe del Departamento de Biopatología Clínica en el Hospital La Fe (Valencia).

Telogo del Papa: Debemos tomar al demonio muy en serio

Entrevista con el cardenal Cottier

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 julio 2004 (ZENIT.org-Avvenire).- Por su acción contra el hombre «debemos tomar al demonio muy en serio», pero sin olvidar en nuestro camino la confianza en el amor de Dios –un amor «más fuerte que todo»–, cuya misericordia «vence todo obstáculo», explica el cardenal Georges-Joseph Marie Martin Cottier, O.P, teólogo de la Casa Pontificia.

Sucesos como el del pasado 24 de julio –en la catedral de Santiago de Chile el padre Faustino Gazziero fue asesinado nada más celebrar la Eucaristía por un joven que profería gritos satánicos— suscitan la cuestión de la influencia maligna en la persona y la sociedad.

En esta entrevista, el cardenal Cottier aborda la acción real del demonio en el mundo, sus causas, sus consecuencias y el motivo de esperanza para el hombre.

–¿En el gran misterio del mal cuánto cuenta la acción del diablo y qué parte tiene en cambio la responsabilidad del hombre?

–Cardenal Cottier: El diablo es sin más ni más el gran seductor porque intenta llevar al hombre al pecado presentando el mal como el bien. Pero la caída lleva nuestra responsabilidad porque la conciencia tiene capacidad de distinguir lo que es bueno de lo que es malo.

–¿Por qué el diablo quiere inducir al hombre al pecado?

–Cardenal Cottier: Por envidia y celos. El diablo quiere arrastrar consigo al hombre porque él mismo es un ángel caído. La caída del primer hombre estuvo precedida por la caída de los ángeles.

–¿Es una herejía afirmar que también el diablo forma parte del proyecto de Dios?

–Cardenal Cottier: Satanás fue creado por Dios como ángel bueno porque Dios no crea el mal. Todo lo que sale de la mano creadora de Dios es bueno. Si el demonio se ha convertido en malo es por su culpa. Es él quien haciendo mal uso de su libertad se ha hecho malo.

–¿Habrá alguna vez redención para el demonio, como afirma algún teólogo?

–Cardenal Cottier: Planteemos una premisa: el hombre ha caído en el pecado porque el primer pecador, o sea el demonio, le ha arrastrado a su abismo de mal. ¿De qué se trata en sustancia? Del rechazo de Dios y, sobre todo, de la oposición al Reino de Dios como proyecto de providencia sobre el mundo. Este rechazo que nace de la libertad de una criatura del todo espiritual como el diablo es un rechazo total, irremediable y radical, como se dice también en el catecismo de la Iglesia católica.

–¿Entonces ninguna esperanza de que al final la misericordia de Dios pueda vencer el odio del diablo?

–Cardenal Cottier: El carácter perfecto de la libertad del ángel caído hace que su elección sea definitiva. Esto no significa poner un límite a la misericordia de Dios, que es infinita. El límite está constituido por el uso que el diablo hace de la libertad. Es él quien impide a Dios cancelar su pecado.

–¿Por qué el diablo, que es espíritu inteligentísimo, usa de esta manera esa libertad, que es en cualquier caso siempre un don de Dios?

–Cardenal Cottier: Aquí estamos ante el misterio. El misterio del mal es ante todo el misterio del pecado. Somos golpeados, justamente, por los males físicos, pero existe un mal mucho más radical y más triste que es el mal del pecado. El diablo se ha establecido en su rechazo. Además el pecado del ángel es siempre más grave que el del hombre. El hombre tiene tantas debilidades en sí que de alguna manera su responsabilidad puede resultar velada; el ángel, siendo espíritu purísimo, no tiene excusas cuando elige el mal. El pecado del ángel es una elección tremenda.

–Parece imposible que un ángel creado en la luz de Dios haya podido elegir el mal…

–Cardenal Cottier: Cuando hablamos de un ángel caído a causa del pecado afrontamos un tema muy grave y por lo tanto debemos tratarlo con gran seriedad. En la tentación del hombre tenemos casi un reflejo de lo que fue el pecado mismo del ángel. He aquí la seducción suprema: ponerse en el lugar de Dios. Incluso Satanás no reconoció su condición de criatura.

–¿Por qué el demonio es llamado príncipe de este mundo?

–Cardenal Cottier: Es una expresión del Evangelio de Juan. Significa que el mundo, cuando olvida a Dios, es dominado por el pecado. La acción del demonio está guiada por el odio hacia Dios y puede hacer graves daños cuando seguimos sus tentaciones. El mal principal del demonio es el mal espiritual, el del pecado. Esta acción toca tanto al individuo como a la sociedad.

–¿Dios no habría podido impedir todo esto?

–Cardenal Cottier: Sí, pero ha permitido que tanto el demonio como el hombre tuvieran la libertad de actuar y, a veces, de pecar. Es un misterio tremendo. San Pablo dice: «Todo es para bien de los que aman a Dios». Cuando por lo tanto estamos con Dios, incluso el mal contribuye a nuestro bien.

–Difícil de aceptar…

–Cardenal Cottier: Pensemos en los mártires. En el extraordinario bien espiritual que, a la luz de la fe, se deriva de una tragedia como un martirio. San Agustín, comentando a Pablo, dice: «Dios no habría permitido el mal si no hubiera querido hacer de este mal un bien mayor». Hay bienes que la humanidad no habría conocido si no hubiera estado la presencia del pecado y del mal. Es difícil afirmar esto, pero es la verdad.

–¿Cómo actúa el diablo en la realidad de todos los días?

–Cardenal Cottier: Lo podemos comprender por algunas expresiones del Evangelio de Juan, allí donde se dice que el demonio es homicida desde el principio. O sea, es destructor y hace morir, tanto en sentido propio como espiritualmente. Por esto es llamado el gran tentador.

–¿Nos referimos al diablo cuando en el «Padre Nuestro» decimos «no nos dejes caer en tentación»?

–Cardenal Cottier: Sí, pedimos a Dios resistir la tentación. Es erróneo pensar que toda tentación venga del demonio, pero las más fuertes y más sutiles, las más espirituales, tienen ciertamente su impronta. Y son tanto tentaciones individuales como colectivas. El demonio actúa sobre la historia humana. Su influencia es negativa. La muerte, el pecado, la mentira son signos de su presencia en el mundo.

–Dice que no todas las tentaciones vienen del demonio. ¿De qué otra cosa debemos guardarnos entonces?

–Cardenal Cottier: La tradición cristiana nos dice que las fuentes de tentaciones son tres. La más terrible, cierto, es la del demonio. Después está el mundo, la sociedad, los «otros» en la acepción joánica. Y finalmente está la «carne», esto es, nosotros mismos. San Juan de la Cruz dice que de estas tres tentaciones la más peligrosa es la última, o sea nosotros mismos. Para cada uno de nosotros el enemigo más pérfido es uno mismo. Antes de atribuir las tentaciones al demonio y al mundo, pensemos en nosotros mismos. Aquí encontramos también la importancia de la humildad y del discernimiento. El Espíritu Santo nos da el don del discernimiento y nos preserva de la soberbia de confiar demasiado en nosotros mismos.

–¿Cuál es la actitud más correcta que el cristiano debería observar frente al misterio del maligno?

–Cardenal Cottier: No olvidar jamás que la pasión y la muerte de Jesús han triunfado para siempre sobre el demonio. Esto es una certeza. Lo dice San Pablo. La fe es la victoria sobre el padre del pecado y de la mentira. Esto quiere decir que el demonio, siendo una criatura, no tiene un poder infinito. A pesar de todos sus esfuerzos el demonio nunca podrá impedir la edificación del Reino de Dios, que crece pese a todas las persecuciones. El cristiano, gracias a la fidelidad en la fe, vence el mal.

–En conclusión…

–Cardenal Cottier: Debemos tomar al demonio muy en serio, pero no debemos pensar que sea omnipotente. Hay gente que tiene un miedo irracional al demonio. La confianza cristiana, que se alimenta de oración, humildad y penitencia, debe ser sobre todo confianza en el amor del Padre. Y este amor es más fuerte que todo. Debemos tener conocimiento de que la misericordia de Dios es tan grande como para vencer todo obstáculo.

El Gobierno espaol quiere silenciar a los obispos

Los obispos católicos deben de ser el único grupo social de este país al cual el Gobierno impide la libertad de expresión. Y precisamente lo hace, en esta última ocasión, el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, con el curioso argumento de que no interfieran en la actuación de legislador. Considera que, cuando los obispos formulan su opinión y se dirigen a los católicos, que en definitiva son, por voluntad propia, sus feligreses, están “ingiriéndose” en la actuación del legislador. Ésta es una visión peligrosa de la democracia que se parece más a un sistema guiado de ingeniería social que a lo que realmente debe ser: un debate abierto en la sociedad donde todas las voces se expresen y argumenten con la voluntad de hacer llegar razones precisas a quienes legislan.

La mezcla que sufrimos en España de dirigismo ideológico y de predominio de los aparatos de los partidos sobre el voto ciudadano, a causa de las listas electorales cerradas y bloqueadas, ha llegado a un extremo tal que ha pervertido ya al funcionamiento democrático, hasta el punto de que un ministro de Justicia puede considerar que la opinión de los obispos se interfiere. Entonces, ¿para qué sirve la libertad de expresión? ¿A quién deben escuchar los diputados, sino al pueblo? ¿Y acaso los obispos no son una componente destacada de este pueblo? Claro que esto solamente sucede con las voces católicas. Cuando quienes no ya opinan sino presionan, descalifican y amenazan, como es habitual en las organizaciones homosexuales, entonces ahí no existe intromisión. Seguramente López Aguilar está calificado para ocupar muchos ministerios. No lo sabemos a ciencia cierta. Pero en todo caso, para aquél que lleva el nombre de Justicia, seguro que no.

La fiebre manipuladora de Michael Moore

Por José Carlos Rodríguez

Michael Moore no decepciona. Quienes vieron en su momento Bowling for Columbine saben de la medida en que este hombre es capaz de manipular al espectador. Vuelve a la carga con Fahrenheit 9/11, un libelo destinado a sostener con mentiras, manipulaciones, ocultamientos, una absurda teoría conspirativa tras el 11 de septiembre en la que estaría no otro que George W. Bush.
Lee más »

la verdad del aborto

Todo el merito de la cultura de la muerte consiste en haber escondido el aborto. ¿Cómo se puede esconder el mega asesinato de 2.000 millones de seres humanos abortados?

Pues con un gran secreto: sobre todo, que no se vea. Millones de artículos en defensa de la vida del no nacido no impresionarán tanto como las imágenes de un aborto o de los resultados del mismo.

Ahí les enviamos un montaje con imágenes de la gran masacre actual, la masacre silenciosa. Pulse AQUÍ para verlas.

Son imágenes demasiado sangrientas.

Son la cruda realidad: imágenes de muerte

Alberti y Gades o la patente de corso cuando se levanta el puo

Por David Gistau

La Razón (22/07/04, 08.54 horas)

Cuando murió Alberti, nadie -¿o tal vez Ussía?- se atrevió a enturbiar el homenaje nacional impuesto por decreto recordando que el poeta, desde la «checa» de Bellas Artes, había participado en las condenas de muchos inocentes que acabaron en las fosas comunes de Paracuellos y la Casa de Campo. Como aquellos crímenes fueron cometidos con el comunismo como coartada, y ya dice Haro Tecglen cuando mueve el vaso de la «oui-ja» que hay patente de corso intelectual para cualquier genocida o dictador que cierre el puño en vez de extender la mano, pues de Alberti sólo se reparó en el golondrino ése equivocado y se le indultó del estigma con que son marcados quienes, aun sin sangre en las manos, escribieron desde el otro lado. Refiriéndose al olvido premeditado de García Serrano y su generación, Tomás Cuesta denunció esto mismo ayer.
Lee más »

Existe una persecucin contra los catlicos?

ForumLibertas.com

La pregunta no es baladí, porque cada vez nuestra sociedad vive más situaciones que ponen de relieve que el hecho de profesar públicamente el catolicismo es un factor de riesgo o, si ustedes quieren, de discriminación. Aquellos que, desde responsabilidades públicas, han mantenido la coherencia entre su fe y la actividad que desempeñan lo han sufrido en sus propias carnes. El católico es el único al que esta sociedad le exige que renuncie a sus creencias para actuar públicamente. Si uno es ateo, masón, musulmán o lo que se quiera, no tiene ningún problema para defender públicamente que sus ideas preconizan el mejor modelo de sociedad y, por tanto, para proponer a los demás que las asuman o que al menos acepten sus proyectos. Nada de esto puede hacer un católico. La cosa ha llegado a un extremo tal que el diario EL PAÍS critica la adscripción de una persona al Opus Dei para dar por sentado que no puede ocupar con propiedad un cargo en la Magistratura o en un comité científico.
Lee más »

Contra una ley del aborto y a favor de la paz

Querido amigo:

Muchas gracias por suscribir el Manifiesto Hay Alternativas, contra una ley del aborto y a favor de la paz. Ahora te pedimos otro favor.

Reenvía este mensaje a tu libreta de direcciones para multiplicar el efecto de tu firma. Esta campaña se basa esencialmente en la red de contactos de los colaboradores de hayalternativas.org. Por tanto, es clave que nos des a conocer.

Muchas gracias por todo.

El equipo de hayalternativas.org
Lee más »

En favor del verdadero matrimonio

Nota del Comité Ejecutivo
de la Conferencia Episcopal Española
Madrid, 15 de julio de 2004

1. El pasado 29 de junio, el Congreso de los Diputados votó favorablemente una proposición no de Ley del Partido Socialista que solicita la equiparación legal plena de las uniones de personas del mismo sexo con el verdadero matrimonio. El Gobierno, por medio del Ministro de Justicia, se apresuró a anunciar que en septiembre remitirá a la Cámara un proyecto de Ley en este mismo sentido y que confía en que el llamado matrimonio homosexual sea posible legalmente ya para comienzos del año próximo. También se votaron varias proposiciones de Ley que legitimarían las uniones homosexuales de diversos modos.
Lee más »

Entradas siguientes »