En torno al matrimonio de homosexuales

Josep A. Duran i Lleida. La Razón , martes 29 de junio de 2004

Una proposición no de ley del PSOE que pide el matrimonio de las parejas homosexuales se debate hoy en el Congreso de los Diputados. Una causa personal me impide asistir a su debate y votación. Pero la importancia del tema me obliga en conciencia, como diputado elegido en nombre de un partido que defiende unos determinados valores, a expresar el que hubiese sido el contenido de mi intervención.
En el seno de CiU hay libertad de voto sobre estas cuestiones. Respeto, por tanto, todas las opiniones que dentro de CiU o en el resto de grupos parlamentarios de la cámara discrepan de la mía. Tan legítimas son las suyas como la mía.
Como decía un editorial del diario «Le Monde» del 18 de mayo, la precipitación es el enemigo del bien, en referencia al debate en Francia sobre este tema. No puedo dejar de encontrar sorprendente que en España la mayoría de fuerzas políticas se hayan lanzado a una carrera, tan ridícula como irrisoria, para ver quién es el primero en defender los matrimonios homosexuales. Resulta más curioso que determinadas fuerzas políticas denominadas «de izquierda», que hasta no hace mucho tiempo despreciaban el matrimonio heterosexual considerando que era una antigualla, ahora, sorprendentemente, insisto, luchen entre sí para ver quién es el primero en colgarse la medalla.
Amparándome en la libertad que todos tenemos para hablar de estas cuestiones defiendo, como hacía el exprimer ministro socialista francés Lionel Jospin la compatibilidad de reprobar y combatir la homofobia sin dejar de ser contrario al matrimonio homosexual.
Para mí no es un tema tabú la homosexualidad, tengo amigos y amigas que lo son. Pero no puedo aceptar una tentación conformista y no entrar en el debate de una discusión sincera por miedo a la acusación de homófobo. Pero repito: muchos hoy no dicen exactamente lo que piensan por miedo a ser acusados de ir contra el «progresismo» incluso de sus propias formaciones políticas.
Creo que deberíamos de ser capaces de separar dos cuestiones. La primera, los derechos de los homosexuales. Y en este sentido, entiendo que la legislación sobre parejas de hecho puede dar respuesta a esta justa demanda. Y si no fuera así, sería lógico antes de aprobar el matrimonio de las parejas homosexuales hacer un balance de la legislación sobre parejas de hecho. Es curioso que aún no exista en España, pese a los 14 años de gobierno del PSOE, una legislación sobre parejas de hecho y se quiera empezar la casa por el tejado con el matrimonio homosexual. Y hago esta afirmación como responsable de una fuerza política que en el Parlamento catalán ha impulsado una de las legislaciones más avanzadas sobre parejas de hecho.
Se habla de la defensa de la igualdad de derechos. Creo que esta no es una cuestión que se pueda reducir a un tema de igualdad. Creo, más bien, que su ámbito propio es el de la libertad. Al fin y al cabo no fue ningún capricho que los principios de la revolución francesa fueran tres: libertad, igualdad y fraternidad. Cada uno de ellos tiene su ámbito. El principio de igualdad no puede suprimir las diferencias. No obstante, el debate debería asumir también el referente de la importancia de las instituciones. Muy a menudo, cuando hacemos balance del actual estado de la sociedad, somos críticos con la crisis que sufren instituciones como la escuela, la iglesia o la familia y, por lo tanto, la pérdida de los puntos de referencia que ello comporta. El mismo director del Nouvelle Observateur haciendo referencia hace pocos años a que Francia estaba en crisis ponía como ejemplo la crisis de la iglesia, de la escuela y del ejército. Pues bien, es a partir de la importancia de las instituciones y especialmente de la familia que creo que debemos distinguir la necesidad de dar respuesta a los derechos de los homosexuales de la de fortalecer la institución de la familia en todo lo que representa el matrimonio como unión de un hombre y una mujer, y la obligación de procrear y, por lo tanto, de asegurar la continuidad en la tierra de las nuevas generaciones. Si el mismo Gobierno del PSOE está impulsando una legislación de discriminación positiva a favor de la mujer en el ámbito de la violencia de género, tengo el derecho a reclamarle que legisle siempre que pueda discriminando positivamente a la familia y al matrimonio como una unión entre hombre y mujer.
Creo que ésta es una de aquellas cuestiones que motivaría una consulta popular. Hace falta un debate sereno, lejos de presiones, para que unos y otros puedan manifestarse serenamente sobre una cuestión tan importante para el futuro de nuestra sociedad. La líder francesa Ségolêne Rollale, exministra de familia y una de las dirigentes socialistas más destacadas, señalaba también la necesidad de que este debate tuviera en cuenta todos los puntos de vista y que, de ninguna manera, tener reservas sobre los matrimonios homosexuales implicara ser considerado retrógrado. Por otra parte, dirigentes políticos como el candidato demócrata de los Estados Unidos, John Kerry, o el expresidente de la república de Alemania y otros representantes de la izquierda política se han expresado en los mismos términos. No podemos olvidar que somos descendientes de una civilización judeo-cristiana, no podemos olvidar nuestro pasado y conviene recordar que una ley es buena si es admitida pero al mismo tiempo comprendida por gran parte de la sociedad. Reitero, por tanto, la necesidad de que esta sea una cuestión que se aparque, que el mismo gobierno organice un gran debate social y que lo someta a consulta popular para conseguir una fórmula que preserve el equilibrio de la necesidad del matrimonio, que como dice el código de familia de Catalunya es una institución que establece un vínculo jurídico entre un hombre y una mujer, y el respeto y la garantía de los derechos de las personas homosexuales. Por lo tanto, lo mejor que podría hacer el PSOE, y es lo que hubiera dicho yo en la tribuna, es retirar esta proposición no de ley, abrir un debate social y acabar con una consulta popular que, en consecuencia, reforzaría el sistema democrático y acercaría la política a la sociedad.
Creo, de otro modo, que el país tiene otras urgencias. Y es sorprendente que en los primeros meses de legislatura se sitúa ya este proyecto no de ley. Reivindico, por lo tanto, no sólo el derecho sino la necesidad de este debate, pero me atrevo también a decir que las prioridades y urgencias del Gobierno del PSOE y de otras formaciones no coinciden con las del conjunto de la sociedad. Veo más demanda de garantía de los derechos de los discapacitados, de los ancianos y dependientes en general o la precariedad laboral de los jóvenes u otras cuestiones. Está muy bien defender los derechos civiles, pero éste es un país que todavía tiene mucho que hacer en la defensa de los derechos sociales.