Tolerancia cero con los cristianos.

La expresión “tolerancia cero” se acuñó hace ya algunos años con el propósito de mostrar la repulsa y la intransigencia con ciertas manifestaciones o actos a los que los ciudadanos de distintos países nos estábamos acostumbrando. Era el caso de la corrupción, de la contabilidad creativa, de los abusos a menores, de las drogas en las escuelas, del tráfico de personas o del terrorismo, entre otras. Tolerancia cero con todas estas maldades. Una palabra de sesgo positivo, como es tolerancia, quedaba mutilada por la cifra de la nulidad. De una época a esta parte, los españoles nos vanagloriamos de ser una ciudadanía tolerante. Tolerante con lo que no entendemos, con los que son diferentes, con los de distinta piel, con los de distinta lengua, con los que no piensan como nosotros. “Cada uno que haga lo que quiera con su vida” es la opinión que más se suele escuchar. Pero esa tolerancia que cubre nuestras cabezas como si fuese un sombrero, se cuelga del perchero cuando se trata de hablar de los cristianos y, especialmente, de los católicos. Contra ellos todo vale.

BorjaMec

El Círculo de Bellas Artes de Madrid, exhibe desde el pasado 21 de abril un monólogo de teatro titulado “Me cago en Dios” –me duele hasta escribirlo-. Una infamia. Una gracieta de niñato consentido. Una gamberrada en la clase que todos los alumnos ríen. Un escupitajo al cielo…que termina en la cara. Un intento de acaparar líneas de periódico con la blasfemia y la falta de respeto, no sólo a Dios –el autor del monólogo supongo que no será creyente y eso le dará igual- sino a los millones de españoles que mantienen intacta su fe pese a las embestidas de los “tolerantes”. Un nuevo golpe de flagelo como los que hemos visto en “La Pasión”. Mientras tanto, el resto de la sociedad asiste impasible al pisoteo de las ideas y las creencias de ciudadanos de todas las edades, colores, lenguas y nacionalidades que habitan España.

Lo más preocupante es ver como este país tolerante quiere circunscribir la religión al ámbito de lo privado –palabras de un portavoz parlamentario escuchadas durante el debate de investidura de Rodríguez Zapatero-. Se trata de otra cantinela que, poco a poco, va haciendo mella en el pensamiento de los ciudadanos y, finalmente, lo encontraremos como argumento principal en cualquier debate televisivo. Es el intento definitivo de recluir a los cristianos en las sacristías. Volver a las catacumbas. Sin embargo, creo sinceramente que no lo van a lograr. No hay que olvidar que la Constitución señala que España es un Estado aconfesional y garantiza el derecho fundamental de libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades. Y espero que ese derecho sea defendido por el nuevo Gobierno con el mismo ahínco que ha demostrado en la defensa de “derechos” de algunas minorías.

Un buen amigo me decía hace unas semanas, “ahora, los cristianos, somos menos pero mejor preparados, más conscientes de nuestra fe”. La verdad es que comparto la afirmación. Y ha llegado el momento de quitarse de encima el complejo creado y alimentado en los últimos años de que uno no puede responder ante los ataques que, sin parar, reciben la Iglesia, el Papa, los sacerdotes, los cristianos y cualquier cosa que tenga que ver con la religión. Nadie está obligado a practicar una religión pero, de la misma manera, sí está obligado a respetar a los que lo quieren hacer. ¡Basta ya de tolerancia cero con los cristianos!