Archivo de Octubre 2003|Página de archivo por mes

Juan Pablo II, 25 años después

El semanario Alfa y Omega nos ofrece unos textos sobre la figura de Juan Pablo II, firmados por grandes personalidades de la Iglesia Católica en España:

- Un Papa que ha abierto horizontes a la Iglesia.- Declaraciones del cardenal Antonio María Rouco Varela.

- Un profeta global.- El cardenal Álvarez Martínez, arzobispo emérito de Toledo, glosa para Alfa y Omega los 25 años de pontificado de Juan Pablo II, el Papa que ha introducido a la Iglesia en el tercer milenio.

- «Si no estuviera cansado, tendría mala conciencia».- Escribe el cardenal-arzobispo de Barcelona.

- Juan Pablo II despierta la conciencia de la Humanidad.- Escribe el Nuncio Apostólico de Su Santidad en España.

“El Papa ha demostrado el poder evangelizador de un místico”

Monseñor Julián Herranz ha sido uno de los 30 cardenales nombrados en el último consistorio. El Prefecto del Consejo Pontificio para la interpretación de los Textos Legislativos habla en diversas entrevistas de su admiración por Juan Pablo II y sobre su vida en el Opus Dei.

Ernesto Cofiño, perfil de un hombre del Opus Dei

Se ha publicado una nueva biografía sobre Ernesto Cofiño, un fiel del Opus Dei, casado, médico en Guatemala, de quien se ha abierto el proceso de canonización tras la fama de santidad que dejó entre los suyos.

Teresa de Calcuta, enriquecida por la pobreza

La Madre Teresa de Calcuta, beatificada por Juan Pablo II el pasado domingo, buscó “la unión con Cristo, que espera a sus discípulos, los consuela y los bendice en la pobreza y en la caridad”. Artículo del postulador de la causa de san Josemaría publicado por La Razón bajo el título ‘Teresa de Calcuta, modelo de caridad teologal’.

Juan Pablo II, un profeta en tiempos inciertos

Roma. El XXV aniversario de la elección de Juan Pablo II ha sido ocasión para hacer balance de uno de los pontificados más largos de la historia. Incluso desde fuera de la Iglesia católica, muchos testimonios significativos celebran que la palabra y los gestos del Papa hayan marcado un rumbo con elevada visión de humanidad, sin rendirse a fuerzas materialistas que parecían imparables. Como contraste, las críticas contra Juan Pablo II son más bien críticas contra la doctrina católica, pidiendo que se adapte a la modernidad.

Diego Contreras (Aceprensa).- Diarios y revistas de todos los países y tendencias han ofrecido durante estos días comentarios y semblanzas sobre el Papa, al tiempo que numerosas televisiones han emitido en directo algunos de los actos que se han celebrado en Roma, así como abundantes reportajes especiales. La efemérides ha coincidido con un momento en que la progresiva debilidad física del Pontífice ha hecho que los ojos de todos se fijaran como nunca en él. Y ocasiones no han faltado, pues, a pesar de los achaques, la actividad del Papa ha sido particularmente intensa en la última semana: beatificación de Madre Teresa de Calcuta, audiencias generales, misa de aniversario, concierto y otros actos celebrativos, consistorio y misa con los cardenales, e incluso asistió desde la ventana del apartamento pontificio a los fuegos artificiales que le ofreció el ayuntamiento de Roma.

Fragilidad a la luz del sol

En los meses pasados nos hemos ido acostumbrando a un Papa incapaz de caminar. Como es lógico, los nuevos padecimientos, y en concreto la dificultad de habla, producen mayor sobresalto, de ahí los gestos de inquietud de cuantos le contemplan. Paradójicamente, esta limitación se ha empezado a convertir en un nuevo componente de su comunicación con los fieles: basta observar los aplausos con los que la multitud conmovida sostiene y conforta su esfuerzo por pronunciar parcialmente una homilía. “Su voz tiembla, pero regala energía a 20.000 fieles”, titulaba La Nazione (16 de octubre) la crónica de una audiencia general.

El mismo testimonio del Papa, que va adelante a pesar de las dificultades, es algo que interpela al corazón de cada uno. Se dan cuenta hasta los niños: “Lo que más admiro es cómo llevas a cabo todas tus responsabilidades: yo a duras penas acabo los deberes”, escribe un chico de doce años en un libro de cartas dirigido al Papa (The New York Times, 11 de octubre).

Desde una perspectiva de fe, se entiende que su alumno y amigo, Tadeusz Styczen, afirme: “Es la hora más bella de su pontificado, porque puede llevar la Cruz de Cristo” (La Repubblica, 17 de octubre). Es comprensible que, para algunos, tanta exposición, y en tales condiciones, tenga visos de ensañamiento mediático: pero tal vez sea beneficiosa la presencia pública de un anciano enfermo, cuyo poder no es la fortaleza física, para una sociedad que parece encumbrar el glamour, es decir, las apariencias.

Logros y críticas

Los evidentes logros de este pontificado han quedado abrumadoramente recogidos en los comentarios de la prensa internacional con motivo de los 25 años (ver servicio 145/03). En este contexto, es ilustrativo hacer referencia también a las críticas más recurrentes que se han formulado durante estos días.

Por lo general, se trata de breves pasajes incluidos en algunas crónicas, con los que se pretende equilibrar un balance considerado demasiado positivo. Se usan con ese fin apostillas del tipo “pero, para sus críticos…”, u otras similares, con las que se da voz –presentándolos en condiciones de igualdad– a puntos de vista contrastantes, de modo que se ofrece así una impresión de ecuanimidad.

En otros casos, las críticas ocupan artículos completos, en los que no se salva literalmente nada del pontificado. Casos emblemáticos son los del teólogo suizo Hans Küng (publicado, entre otros, por El País, 15 de octubre) y el norteamericano Daniel C. Maguire, de Marquette University (Los Angeles Times, 17 de octubre). Lo más llamativo es que son ataques que se lanzan desde posiciones teóricamente católicas. Küng vuelve a repetir lo que viene diciendo desde hace años, con la rigidez propia de un tradicionalista del disenso.

“No deben llamar a engaño las masas de las manifestaciones papales –afirma Küng–: son millones los que bajo este pontificado han ‘huido de la Iglesia’ o se ha retirado al exilio interior”. Las masas que acuden a las “manifestaciones papales” puede que no sean perfectas, pero no se entiende por qué hay que suprimirlas de un plumazo autoritario. Esa es la conclusión al contemplar –en el momento de escribir estas líneas– las decenas de millares de personas que abarrotan la plaza de San Pedro y alrededores para asistir a la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta. No cabe sino recordar aquello de que si la realidad no coincide con la teoría, peor para la realidad.

“Marketing” fallido

La opinión de un diario, no ciertamente papista, ayuda a situar en su contexto lo de la “huida de las masas”. “El logro más importante del Papa ha sido mantener el mensaje cristiano como una fuerza vibrante en una época en la que la religión se ha convertido en algo irrelevante para las sociedades materialistas o en una fuente de división”, comenta en un editorial The Times (17 de octubre). “Si el Papa hubiera estado menos seguro de su fe o hubiera tenido menos integridad intelectual, la Iglesia habría sucumbido ante las fuerzas contradictorias del materialismo y la apatía. Por el contrario, ha seguido siendo la roca sobre la que la Iglesia está construida”, concluye el diario londinense.

La dimensión oculta

“En estos 25 años –afirma Uwe Siemon-Netto– me he encontrado en la extraña posición de tener que defender, un luterano, al Papa contra la ira de algunos católicos. No, no es un pontifex maximus confortable. La fe que predica y vive no es un embutido del que puedes cortar rodajas según tu apetito” (UPI, 15 de octubre). En la misma longitud de onda se mueve un editorial del Daily Telegraph (17 de octubre) cuando concluye que “mucho de lo que el Papa ha dicho y hecho todavía se malinterpreta, pero su contribución a la humanidad es evidente. Como sus predecesores León Magno y Gregorio Magno, Juan Pablo II ha defendido la libertad y la civilización contra la barbarie. Para el mundo secular, éste es el auténtico significado del más espiritual de nuestros contemporáneos”. Para El Mercurio (19 de octubre), el Papa “viejo, encorvado, enfermo, sigue electrizando con la fuerza de su espíritu. Como los antiguos profetas dice, contra su tiempo, lo que su tiempo debe oír”.

Hay una dimensión en la actuación del Papa que no es traducible en elencos de cifras o de récord, pero que da sentido a todo lo demás. Como ha escrito Marco Politi (La Repubblica, 11 de octubre), “existe un secreto para la energía que Wojtyla despliega como líder espiritual y político al mismo tiempo. Lo ha desvelado el nuevo cardenal Jean-Louis Tauran, ministro de Asuntos Exteriores del Vaticano durante trece años: ‘Imaginarse al Papa sentado en su despacho elaborando una estrategia con la ayuda de un atlas y voluminosos informes es un completo error. ¡No! Las grandes decisiones de este pontificado siempre se han gestado y tomado de rodillas, frente al tabernáculo de su capilla privada’”.

Mis encuentros con Madre Teresa

Recuerdo, Madre Teresa, el primero de nuestros encuentros. Nos habíamos congregado en la plaza Mayor de Madrid unas cuantas familias, para darte la bienvenida a ti y a tus hermanas, que abrían su primera casa en España. Como soplaba un frío serrano, habías coloreado tu sari albo con una chaqueta de lana gris y unos calcetines que no escondían, bajo las tiras de unas sandalias usadas, la difícil orografía de tus pies. Se hablaba mucho, por entonces, de la Ley del aborto. Algunos protestaban, con vehemencia, porque se abría la puerta al infanticidio quirúrgico. Otros se quejaban, también con vehemencia, porque aquellos supuestos les parecían pocos. Entonces hablaste, serenamente, para afirmar que una sociedad que no protege a los más débiles, no puede cimentar la civilización del amor. Y pediste, con voz algo más fuerte, en ese inglés racial de tu Calcuta, que te entregaran todos aquellos niños a los que las circunstancias les iban a impedir respirar la vida. Tú los cuidarías, los educarías, les ofrecerías el legado de los días y las noches, frente a la oscuridad helada de la muerte.
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Teresa de Calcuta: ¿Ángel o demonio?

Las grandes figuras de la historia siempre han levantado comentarios a su paso, tanto en vida como tras su muerte. La beata Teresa de Calcuta no es una excepción. Al tiempo que es admirada mundialmente por su labor junto a los más pobres, también es criticada desde algunos sectores de la sociedad. Se le acusa de utilizar la solidaridad como rampa de lanzamiento a la fama, de codearse con la elite mundial, de manejar grandes sumas de dinero y de no curar a sus enfermos.

Sorprende todo esto ¿no creen? Jamás se me hubiera ocurrido que desde un centro de sidosos en Calcuta –una de las ciudades con más miseria- se pudiera levantar una gran multinacional. Aunque bien es verdad que sus detractores la acusan de no vivir entre sus enfermos. Tal vez se la imaginan en un rascacielos de Nueva York. ¿Han oído alguna vez algo tan disparatado? Realmente hay que tener una gran imaginación.

Sin embargo, aunque las declaraciones de Hitchens, Umbral y compañía provoquen hilaridad, el asunto es muy serio. Vivimos en una sociedad empeñada en ensuciar lo puro, en buscarle el lado oscuro a lo transparente. ¿Por qué? ¿Qué interés puede tener estas personas en mancillar el nombre de gente buena? En mi opinión las razones de sus calumnias son numerosas. No obstante yo querría centrarme en una: el triunfo de la mediocridad.

Siempre supone mayor esfuerzo construir que destruir; es más fácil hacer mal que hacer bien. Por esta razón, para aquellos que han elegido el cómodo camino de la vulgaridad, resulta incómodo que haya gente que luche por un mundo mejor. Es mas, lo consideran imposible y por eso buscan pruebas que los desprestigien. Sin embargo la realidad es bien distinta: se puede pasar por la vida haciendo el bien, y la Madre Teresa es un gran ejemplo de ello.

¿Qué manejaba grandes sumas de dinero? Es lógico, para cuidar a sus enfermos necesitaba recursos económicos y materiales. Lo que contrasta con lo poco que le importaba su propio sustento y su salud. ¿Qué no curaba a los enfermos? Eso puede ser verdad. Aunque también es cierto que en muchos casos las enfermedades resultaban incurables. Ella les proporcionaba algo mucho más importante que una prolongación de la vida o inyecciones para disminuir el dolor. Les daba su amor y su compañía, estaba a su lado para que no se sintieran solos. Y puede que eso valga más que la propia curación.

Carlos González Martínez. Piensaunpoco.com

Televisin y futuro

La calidad técnica, los contenidos y la restringida oferta de nuestras televisiones suscitan críticas casi a diario.
Muchos temas se mezclan y confunden en el debate sobre la televisión. De un lado, está el modelo estructural básico y el modelo tecnológico, que va unido al anterior. De otro, los contenidos que distintos medios y empresas productoras ofrecen, dentro de distintos marcos televisivos, como son el privado y el público. Y dentro de este último apartado tenemos televisión estatal y televisiones autonómicas.
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El soporte

Empecemos por el principio. ¿Qué soporte informativo o publicitario va durante unas 16 horas al día inseparablemente unido a su público objetivo? ¿Y si ese target es de más de 30 millones de personas no sería para recapacitar un momento y pensar en qué estamos hablando?

El móvil es poco a poco y cada vez más multiservicio. Lo que antes era única y exclusivamente un teléfono ahora es, teléfono, máquina para jugar, soporte informativo, medio de pago y lo que queda por venir. No es extraño encontrarnos a nosotros mismos convenciéndonos de que sólo necesitamos un móvil por el que se pueda hablar y recordamos, como dice el anuncio, esos momentos en los que jurábamos que jamás tendríamos un aparato que sirviera para estar localizado las 24 horas del día. Por tanto poco a poco el móvil también compite en terrenos de lo más insospechados años atrás como son el mercado de las video consolas, el de los soportes para estar informado como el web, la prensa de papel, la radio, la televisión, y el del cobro o pago tipo tarjetas de crédito.

Tres ejemplos: N-Gage de nokia es una máquina para jugar y al mismo tiempo teléfono; Mobipay intenta transformar el teléfono móvil en una tarjeta con la que poder pagar. Los medios de comunicación ya tienen ingresos por vender información vía móvil de la misma manera que ingresan por vender periódicos.

En los tres casos son cambios que se han dado poco a poco pero no precisamente con la lentitud de las placas tectónicas. La facilidad para la digestión de nuevas tecnologías a través de este elemento cotidiano como es el móvil debe ser un punto para tener muy en cuenta en los próximos años.

En estos meses asistimos a la carrera desenfrenada de las operadoras por ofrecer video a través del móvil, más allá de las notas de prensa orientadas a los vaivenes del parqué, y a pesar de que no haya un modelo de negocio claro para el proveedor de información, parece que será el próximo caballo de batalla.

Si tenemos en cuenta que el negocio del SMS premium mueve millones de euros, no tardaremos en darnos cuenta que cualquier avance tecnológico introducido en el móvil se transforma en una fuerza de mercado imparable como está ocurriendo con los móviles con cámara de fotos o con la descarga de juegos java.

¿Todos ganan?

Los fabricantes de terminales ganan al conseguir que los usuarios cambien de móvil cada 6-8 meses aproximadamente, las operedoras ganan al incrementar el beneficio por usuario con nuevos productos y/o servicios facilitados por las mejoras tecnológicas y/o por los productores de info-entretenimiento. ¿Y el usuario? El usario gana también al sentir cubiertas sus expectativas de informarse y entretenerse a un módico precio, viendo así satisfechas sus necesidades a menudo innecesarias.

La ltima leccin del Papa

Recuerdo que hace casi 12 años, cuando iniciaba mi ministerio sacerdotal, fui llamado para asistir espiritualmente a un enfermo. Con gesto solemne, la esposa me recibió advirtiéndome: “Padre, mi marido tiene cáncer, va a morir, pero él no lo sabe; trate de confortarlo, pero no le diga nada sobre su salud”. Acto seguido entré en su habitación, me senté al lado de él y, cuando se retiró su mujer, comenzó a decirme: “Padre, tengo cáncer, me estoy muriendo y mi familia piensa que no lo sé, lo hice llamar porque quiero poner en orden mis cosas con Dios y porque quiero que me hable del cielo”. Mis conversaciones con él marcaron mi ministerio, me enseñaron que la muerte no se debe ocultar, que hablar de ella es una necesidad del creyente y prepararse a bien morir es sin duda prepararse para el más importante de los viajes.

Por (Diario La Nación)– Guillermo Marcó (director de prensa del Arzobispado de Buenos Aires)
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