El niño que saluda a Jesús
En estos días han comenzado el colegio cientos de miles de pequeños. Entre ellos, mi sobrino Alvaro. Cinco años y medio. En su conciencia, una determinación vocacional: ser artista de circo. En su currículo, una cacería de ciervos volantes –escarabajo protegido por la ley–, las dos rodillas coronadas de sangre seca, una medalla por méritos natatorios y una capacidad sin límites para comer tortilla francesa con azúcar. Sus padres han elegido para él, con muchas dudas y gran esfuerzo, un colegio en el que, además, se vive la fe católica. A los dos o tres días de comenzado el curso, el niño les revela que todas las mañanas, nada más bajarse del autobús, pasa por el “hola–torio”. ¿Y eso qué es?, pregunta uno de sus padres, pues un sitio en el que se dice hola a Jesús, contesta el imberbe con más lógica que Einstein a su edad. ¿Y quién es ese tal Jesús al que dices hola todas las mañanas?, inquiere su madre con aire divertido. Pues Jesús, contesta Alvaro sin levantar la vista de sus juegos vespertinos. ¿Es un niño de tu clase?, insiste mi cuñada. No. Es Jesús. Un niño que se llama Jesús y se apellida De mi vida, concluye el pequeño. Y se ríen de ternura de su hijo, que no ha podido encontrar primer y mejor amigo.–
Miguel Aranguren. www.miguelaranguren.com
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