Archivo de Septiembre 2003|Página de archivo por mes

Mucho más que electores

Piensaunpoco.com.- El reciente nombramiento de nuevos cardenales por el Papa Juan Pablo II hace interesante e instructivo repasar alguna de las características y funciones de estos llamados -tal vez con un cierto acacronísmo histórico- “Príncipes de la Iglesia”. Cardenal es una palabra que viene del latín cardo-inis (eje, quicio), lo que ya indica el fundamental papel eclesial de apoyo al Papa que desarrollan. La tarea de un cardenal no se limita, ni mucho menos, a elegir a un nuevo Romano Pontífice. Baste echar una mirada al pasado y al presente de la historia del Colegio cardenalicio para confirmarlo. Sin ir más lejos y por poner algún ejemplo, Juan Pablo II envió recientemente a Tierra Santa al cardenal Roger Etchegaray para clausurar allí, en nombre del Papa, el Jubileo del año 2000.

¿Qué es hoy día un cardenal en la Iglesia católica?

Los cardenales presiden, en su nombre, grandes acontecimientos eclesiales, o son enviados con misiones específicas (recientemente a Pekín, a Moscú,…), y colaboran directamente con el Papa, que les consulta, en el gobierno de la Iglesia.

El Código de Derecho Canónico, respecto a los requisitos para ser elegido cardenal, dice así en su canon 351: Hombres que han recibido la ordenación sacerdotal y se distinguen por su doctrina, piedad y prudencia en el desempeño de sus deberes; aquellos que todavía no son obispos deben recibir la consagración episcopal.

Junto al capelo cardenalicio, se les otorga la titularidad de una iglesia de las tradicionales de la Ciudad Eterna. Se trata de mantener viva la significativa tradición de Iglesia de Roma -tendrán que tomar posesión de su iglesia titular y, si es necesario, sostenerla económicamente-, origen histórico de su título de Príncipes de la Iglesia. Los primeros cardenales eran los presbíteros de las 25 iglesias de Roma. Su doble nacionalidad expresa, además, la unidad y la universalidad de la Iglesia, su carácter romano y, al mismo tiempo, universal.

El canon 349, afirma que los cardenales, además de constituir un Colegio especial cuya responsabilidad es proveer a la elección del Romano Pontífice, asimismo los cardenales asisten al Romano Pontífice, tanto colegialmente -cuando son convocados para tratar cuestiones de más importancia-, como personalmente, mediante las distintas funciones que desempeñan, ayudando sobre todo al Papa en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal.

El Código cardenalicio habla de los cardenales como de un Colegio que puede tratar las cuestiones de mayor importancia en la Iglesia. Y es que, como consejeros del Papa, los purpurados actúan colegialmente con él a través de los Consistorios convocados por el sucesor de Pedro. Consistorio quiere decir Asamblea de cardenales presidida por el Papa. Éstos pueden ser ordinarios o extraordinarios. En el primero se reúnen los cardenales presentes en Roma, otros obispos, sacerdotes, invitados especiales y expertos, y se trata a menudo de alguna consulta sobre cuestiones importantes, o para dar solemnidad especial a algunas celebraciones. Al Consistorio extraordinario son llamados todos los cardenales y se celebra cuando lo requieren algunas necesidades especiales de la Iglesia, o de mayor gravedad. Por ejemplo, Juan Pablo II convocó a uno en 1994 en la perspectiva de la preparación del Año Jubilar.

A partir del siglo XVI la Curia romana se fue articulando en torno a varias Congregaciones, que son comisiones permanentes en las que los cardenales tienen especiales responsabilidades encomendadas por el Papa, para atender al gobierno de los múltiples campos de la vida y de la acción de la Iglesia en todo el mundo. A la cabeza de cada una de estas Congregaciones, así como de los Consejos Pontificios, hay normalmente un cardenal, y son miembros de estos organismos de la Santa Sede (llamados también Dicasterios) otros cardenales, así como arzobispos y obispos de todo el mundo.

Los cardenales reciben el tratamiento de Eminencia, y los que trabajan para la Curia romana y residen en el Vaticano, o en Roma, son ciudadanos del Estado de la Ciudad del Vaticano. A los obispos se les pide que presenten su renuncia al Papa cuando cumplen los 75 años de edad; los cardenales, al sobrepasar los 80, no pueden participar en el Cónclave, y cesan también de ser miembros de la Curia romana, de cualquier dicasterio de la Santa Sede.

Mucho ms que electores

El reciente nombramiento de nuevos cardenales por el Papa Juan Pablo II hace interesante e instructivo repasar alguna de las características y funciones de estos llamados -tal vez con un cierto acacronísmo histórico- “Príncipes de la Iglesia”. Cardenal es una palabra que viene del latín cardo-inis (eje, quicio), lo que ya indica el fundamental papel eclesial de apoyo al Papa que desarrollan. La tarea de un cardenal no se limita, ni mucho menos, a elegir a un nuevo Romano Pontífice. Baste echar una mirada al pasado y al presente de la historia del Colegio cardenalicio para confirmarlo. Sin ir más lejos y por poner algún ejemplo, Juan Pablo II envió recientemente a Tierra Santa al cardenal Roger Etchegaray para clausurar allí, en nombre del Papa, el Jubileo del año 2000.
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31 nuevos cardenales para la Iglesia

Durante la oración del Angelus de ayer domingo, el Papa Juan Pablo II anunció la creación de 31 nuevos cardenales en un consistorio que tendrá lugar el próximo 21 de octubre. Su Santidad dijo, entre otras cosas: “Ya está próximo el mes de octubre, el mes del Santo Rosario. A la Madre confío de manera particular el consistorio que voy a celebrar el próximo 21 de octubre con ocasión de mis 25 años de pontificado. En éste he derogado una vez más el límite numérico establecido, crearé algunos nuevos cardenales”, dijo el Santo Padre, antes de proclamar, uno por uno, el nombre de los nuevos purpurados.

De la lista, dos nuevos cardenales son españoles, tres son latinoamericanos y uno es estadounidense. Los españoles son: Mons. Carlos Amigo Vallejo, franciscano y Arzobispo de Sevilla y Mons. Julián Herranz, Presidente del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos y miembro de la Prelatura Opus Dei. La lista de cardenales incluye a Prelados de la Curia Romana y de los demás continentes.
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El niño que saluda a Jesús

En estos días han comenzado el colegio cientos de miles de pequeños. Entre ellos, mi sobrino Alvaro. Cinco años y medio. En su conciencia, una determinación vocacional: ser artista de circo. En su currículo, una cacería de ciervos volantes –escarabajo protegido por la ley–, las dos rodillas coronadas de sangre seca, una medalla por méritos natatorios y una capacidad sin límites para comer tortilla francesa con azúcar. Sus padres han elegido para él, con muchas dudas y gran esfuerzo, un colegio en el que, además, se vive la fe católica. A los dos o tres días de comenzado el curso, el niño les revela que todas las mañanas, nada más bajarse del autobús, pasa por el “hola–torio”. ¿Y eso qué es?, pregunta uno de sus padres, pues un sitio en el que se dice hola a Jesús, contesta el imberbe con más lógica que Einstein a su edad. ¿Y quién es ese tal Jesús al que dices hola todas las mañanas?, inquiere su madre con aire divertido. Pues Jesús, contesta Alvaro sin levantar la vista de sus juegos vespertinos. ¿Es un niño de tu clase?, insiste mi cuñada. No. Es Jesús. Un niño que se llama Jesús y se apellida De mi vida, concluye el pequeño. Y se ríen de ternura de su hijo, que no ha podido encontrar primer y mejor amigo.–

Miguel Aranguren. www.miguelaranguren.com

La generacin del sentimiento

El psiquiatra austríaco Vikytor Frankl dijo en una ocasión: “Junto a la Estatua de la Libertad habría que erigir un monumento en homenaje a la Responsabilidad”.

El sobreviviente de los campos de concentración nazi tal vez se fijara, al lanzar semejante sentencia, en las generaciones norteamericanas de después de la segunda Guerra Mundial, aquellas que abanderaron la libertad sexual, extendieron el consumo de droga y generalizaron el divorcio y el aborto, hasta convertirlos en elementos definidores de la sociedad moderna. De la boca de tantos millones de hombres y mujeres no se descolgaba la palabra “libertad” para justificar semejantes abusos, una libertad desprovista de responsabilidad que les ha conducido a la amargura, al vacío, tal y como relatan películas como “American Beauty” o “Las Horas”.
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España, en el corazón de Karol Wojtyla

Julián Herranz. Arzobispo presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. Será nombrado cardenal el rpóximo 21 de octubre en Roma.

¿Cuál será la actitud de Juan Pablo II ante las circunstancias y desafíos de la actual sociedad española, tan distinta de la que conoció en su primer viaje de 1982? Su respuesta será estimulante y realista, pues la coherencia entre fe y vida en el magisterio del Papa Wojtyla transmite siempre incisiva la Buena Nueva de Cristo. Su magisterio, a la vez tradicional y profético, refleja la presencia plena del tiempo en el alma humana, que San Agustín describe en sus Confesiones: «Lo presente de las cosas pasadas es la memoria, lo presente de las presentes es la contemplación, y lo presente de las futuras es la esperanza».

La «memoria de las cosas pasadas» en el alma de Juan Pablo II incluye tres razones principales -mencionadas también en conversaciones privadas- de su profundo afecto a España: la razón histórica de haber sido, ya en tiempos apostólicos, tierra donde prendió la semilla del Evangelio; la razón cultural de que sus raíces cristianas hayan inspirado obras literarias, pictóricas y arquitectónicas, ordenamientos jurídicos e instituciones universitarias mundialmente famosos; y la razón evangelizadora de los innumerables misioneros que iluminaron con el Mensaje cristiano otros pueblos y culturas.

Pero hay también una razón más íntima, ligada al recuerdo siempre vivo de aquel amigo de Cracovia, el sastre contemplativo Jan Tyranowski, que encaminó al joven Karol Wojtyla hacia San Juan de la Cruz -sobre el que más tarde haría su tesis doctoral en Teología- y Santa Teresa de Jesús, de quien el Papa reveló en Alba de Tormes: «Ella, con San Juan de la Cruz, ha sido para mí maestra, inspiración y guía por los caminos del espíritu. En ella encontré siempre estímulo para alimentar y mantener mi libertad interior para Dios y para la causa de la dignidad del hombre».

Este mismo ideal -defender la dignidad del hombre- inspira al Papa en la «contemplación de las cosas presentes», incluido el actual proceso de desarrollo en España de una sociedad democrática: floreciente en economía, sí, pero víctima del terrorismo y debilitada moralmente por la tendencia a un materialismo práctico, que humilla e incluso podría ahogar la dimensión religiosa de la persona y su misma libertad. Juan Pablo II insiste en que la auténtica libertad florece «cuando hunde sus raíces en la verdad sobre el hombre» y respeta por eso los derechos fundamentales que proceden de su dignidad. En su último discurso a la Asamblea General de Naciones Unidas, lo resumió en frase lapidaria: tutelar «la estructura moral de la libertad», por el bien de la humanidad.

El magisterio social del Papa Wojtila defiende «la estructura moral de la libertad contra las grandes utopías ideológicas que, convertidas en sistemas jurídicos y políticos a escala mundial, han conducido y en parte aún conducen a la humanidad a tantos errores y tantos horrores. Me refiero a la utopía totalitaria de la «justicia sin libertad» y a la utopía agnóstico-libertaria de la «libertad sin verdad»». La experiencia demuestra que una democracia «se enferma» cuando, bajo el influjo totalitario de la ideología agnóstica, niega en su ordenamiento social la existencia de una verdad objetiva sobre la persona humana y la ética natural, y delega siempre el establecer lo verdadero y lo justo a la sola opinión de la mayoría, a lo que suele llamarse la verdad «pactada» o «convencional».

En 1982, el Papa elogió en Salamanca la creatividad intelectual de Francisco de Vitoria, Martín de Azpilcueta y otros grandes teólogos y juristas que realizaron la apertura a «los problemas humanos (religiosos, éticos y políticos) surgidos con el descubrimiento de mundos nuevos». El Santo Padre subrayó tres principios: «La dignidad inviolable de todo hombre, la perspectiva universal del derecho internacional (ius gentium) y la dimensión ética como normativa de las nuevas estructuras socio-económicas». Esos mismos temas, afrontados en las grandes encíclicas «Veritatis splendor» y «Evangelium vitæ», siguen siendo de provocadora actualidad, también para iluminar en España y en el mundo el auténtico progreso de la democracia, de la libertad y de la paz.

El «presente del futuro es la esperanza». Cuando, ante los desafíos del Tercer Milenio y la nueva Evangelización, Juan Pablo II invita a «recomenzar desde Cristo», resuenan actuales las palabras de otro gran místico y poeta, Fray Luis de León, que el Papa bien conoce: «En Dios se descubren nuevos mares cuando más se navega». Como un relámpago que rompe las tinieblas y descubre en la noche el camino, así el chispazo de la Luz divina enciende horizontes nuevos. El magisterio del Vicario de Cristo ante la realidad actual de España iluminará caminos y quizá incluso descubra Mediterráneos. Pero lo demás, el caminar y el navegar, dependerá después del esfuerzo inteligente que se sepa poner. Algo semejante sucede con la poesía: decía Mallarmé que la inspiración poética no le da al poeta más que para el primer verso; las demás estrofas del poema dependerán de su habilidad de artista.

Conocerse y comprenderse

Un amigo sacerdote me recomienda el libro de Jutta Burggraf “Conocerse y comprenderse”, dice que le ha entusiasmado y la explicación es la siguiente:

La preocupación por la unidad de los cristianos pertenece al corazón mismo de la Iglesia. No es un capricho de unos teólogos modernos, responde a la oración de Cristo al Padre: “que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti” (Jn 17, 21). Este afán ha existido siempre en la Iglesia, aunque desde el Concilio Vaticano II se ha hecho sentir más su urgente necesidad. Este libro quiere ser una modesta contribución que ayude a conocer y comprender mejor a nuestros hermanos en la fe.

Complejos e hipocresa ante la prostitucin

Sé que, al abordar esta cuestión, este artículo será bastante leído: es la atracción del morbo. No por ello siento predilección al escribir sobre la prostitución, sino porque opino que no se deben esquivar las cuestiones espinosas y de actualidad. La ceguera interesada o mirar hacia otro sitio es otro modo de contribuir a la miseria.
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