Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos: «Muchos padres sólo se preocupan de que sus hijos aprueben y aprendan inglés»
Álex Navajas (La Razón).- Monseñor Gil Hellín, murciano de 63 años, dejó el Vaticano hace un año para coger las riendas de la Iglesia en Burgos. Es el primer obispo del Opus Dei en una diócesis española.
Cuando monseñor Francisco Gil Hellín llegó a Burgos, hace poco más de un año, nombrado por Juan Pablo II arzobispo de la ciudad del Cid, portaba en su equipaje una prolongada experiencia en el Pontificio Consejo para la Familia.
–Me ha tocado en muchas ocasiones hablar con los padres cuyos hijos estaban metidos en problemas de alcohol, trapicheos varios, drogas, sexo, sin que los padres tuvieran la más mínima sospecha. ¿No le da la impresión de que existe un cierto abismo entre padres e hijos?
–En muchos casos sí existe este abismo. Muchos padres se preocupan únicamente de si su hijo aprueba o suspende, dónde mandarle para que aprenda inglés o en qué colegio hay mejores instalaciones deportivas; y se despreocupan casi por completo de hablar con sus hijos y de ayudarles a que ejerzan su libertad con responsabilidad. Y esto es fundamental y nuclear. Porque la educación no es un barniz externo y superficial, como sería, por ejemplo, trasmitir unos ciertos valores de bondad y una vaga y descomprometida solidaridad. Educar es entrar a modelar la libertad. Ciertamente, con pleno respeto hacia el hijo, pero con hondura. De modo que el hijo llegue a ser capaz de asumir constantemente los valores. No está formado el que no es malo porque nunca se le ha presentado la oportunidad de hacer el mal, sino el que positivamente lo busca y lo conquista. Bienaventurado el que pudo hacer el mal y no lo hizo.
Clase de Religión
–¿Por qué la Iglesia cree que la enseñanza de la Religión debe impartirse en los colegios? ¿No sería mejor que los niños que quieran recibir esa enseñanza acudan a las parroquias?
–La educación religiosa es una dimensión natural, esencial de la persona humana y una sociedad que se desinterese de este aspecto merece tener ciudadanos que se guían únicamente por la represión, no por la convicción. Por eso abundan tanto hoy los que, cuando nadie les ve, no son leales con las leyes del bien común. Además, la enseñanza de la Religión en el colegio es imprescindible para ser capaces de entender con un mínimo de competencia nuestra cultura y nuestras raíces. El que no sepa quién es Adán, Moisés, David, san Pedro, Jesucristo, la Virgen María, o qué es una catedral o para qué se construyeron, ¿cómo podrá ver el Moisés de Miguel Ángel, las pinturas de El Greco, los Cristos yacentes de Gregorio Fernández, o escuchar las cantatas de Bach, o entender el alma interior de mi catedral de Burgos? Por otra parte, una cosa es la enseñanza de la Religión y otra, la catequesis. El lugar para ésta es, sin duda, la parroquia.
–Cuando usted llegó a Burgos, algunos vieron con recelo el hecho de su pertenencia al Opus Dei. ¿El ser de la Obra o de cualquier movimiento implica que se va a escorar demasiado a un lado o a otro?
–No pienso escorarme demasiado hacia ninguna parte. Por coherencia y por sentido común. Por coherencia, porque he predicado mil veces que en la Iglesia hay muchos caminos: todos los abiertos por el Espíritu Santo a lo largo de los siglos y los que actualmente sigue abriendo. Dios no quiere que todos vayamos por el mismo, aunque quiere que todos lleguemos a la misma meta. Va, pues, contra el querer de Dios excluir o ningunear –como ahora se dice– cualquiera de los carismas que Él mismo ha entregado a su Iglesia. A estas alturas de la vida no estoy dispuesto a desdecirme de lo predicado y vivido, sino a ratificarlo con los hechos. Por eso, trataré de que cada uno de los fieles que Dios me ha confiado siga su propio camino, su vocación específica: como seglar, como religioso o como sacerdote. Más aún, dentro de cada una de esas grandes autopistas, que cada uno vaya por su carril personal. ¿No le parece que sería un disparate que yo quisiera que una monja de clausura viviera como una que se dedica a la enseñanza y ambas como vivo yo?
Además, en la vida es preciso actuar con sentido común. Y éste da una orientación que le gustaba mucho a san Josemaría Escrivá, a saber: para hacer las cosas, no basta querer hacerlas, sino que hay que saber hacerlas. Mi intención es escoger para cada ministerio pastoral a la persona que mejor sepa hacerlo, la que reúna mejores condiciones en todos los sentidos. Que acierte es otra cuestión.
–Acaba de pedir el Papa a los católicos que guarden la castidad en verano. ¿No es una petición ilusoria?
–No es la primera vez que el Papa recuerda a los católicos que la castidad no ha pasado de moda. Por una razón muy sencilla: es una virtud. Hoy existen muchas chicas y chicos que demuestran que la castidad es posible en nuestros días. También en verano. Y también para los jóvenes. Evidentemente, es un reto y no fácil, pero que vale la pena. Porque quien no sabe autoposeerse no sabe autodonarse, bien sea en el matrimonio bien en el celibato por el Reino. Los jóvenes –y los no tan jóvenes– lo tienen difícil, porque la castidad se presenta hoy como sinónimo de mojigatería. Pero la castidad tiene un enorme atractivo cuando se presenta y se descubre en su verdadera dimensión.
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