Juan Pablo II ofrece una brújula a Europa
El 28 de junio será presentada la Exhortación apostólica Iglesia en Europa, que recoge las conclusiones del segundo Sínodo del viejo continente, celebrado en Roma en 1999
Jesús Colina. Roma. (Alfa y Omega).- Este próximo sábado, Juan Pablo II publicará la Exhortación apostólica Iglesia en Europa (Ecclesia in Europa), en la que se recogen las conclusiones del segundo Sínodo de la historia sobre Europa, que se celebró en Roma, del 1 al 23 de octubre de 1999. El documento se convertirá, en cierto sentido, en la guía para la nueva evangelización en el viejo continente, tomando en cuenta la larga lista de proposiciones que presentaron los padres sinodales al finalizar aquella asamblea sinodal, que llevaba por lema Jesucristo viviente en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa.
El encuentro de los obispos concluyó con un mensaje final, en el que se constataba la gran tentación europea: la pérdida de la esperanza, al ser «debilitada, atacada y destruida cada día por muchas formas de sufrimiento, de angustia y de muerte que atraviesan el corazón de muchos europeos», así como por muchas esperanzas que han sido «infelizmente defraudadas». Por este motivo, el Sínodo se convirtió en un llamamiento de fe y confianza en Cristo, «la única esperanza auténtica del hombre y de la Historia». Con Él –decían los obispos y cardenales–, «nuestra existencia tiene un sentido…, la diversidad puede transformarse en riqueza, el dolor puede salvar» y la vida puede vencer a la muerte.
Iglesia en Europa se convertirá, por tanto, en la brújula para los católicos del viejo continente, en estos momentos decisivos en los que el proceso de integración y la ampliación de la Unión Europea –en particular con la redacción del proyecto de Tratado constitucional– han puesto sobre el tapete de la discusión pública los valores fundamentales sobre los que es posible construir un futuro común.
En el fondo, el desafío cristiano del momento, como constataban a finales de 1999 los obispos, es «la grave situación de indiferencia religiosa de muchos europeos», que exige una nueva evangelización de Europa, que pasa necesariamente por la catequesis como respuesta a los desafíos del diálogo entre la razón y la fe, la fe y la ciencia; así como por el redescubrimiento del sentido del misterio en la liturgia en una sociedad consumista.
A nivel social, el Sínodo constató los nuevos muros que se han levantado en Europa, así como las nuevas formas de egoísmo, por lo que llamaron a los cristianos a la caridad activa como «único camino que se puede recorrer para devolver la esperanza a quien está sin esperanza».
Tanto en la celebración del Sínodo, como en la asistencia al Papa en la redacción del documento, han desempeñado un papel importante los Presidentes de la Asamblea –los cardenales Franciszek Macharski, arzobispo de Cracovia; Joachim Meisner, arzobispo de Colonia; y Paul Poupard, Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura–; así como el Relator General del Sínodo, el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid.
Con la publicación de este documento, el Papa concluye los documentos sobre las asambleas de obispos por continente que prepararon a la Iglesia para celebrar el Jubileo del año 2000. Los otros Sínodos se habían celebrado anteriormente sobre África (1994), América (1997), Asia (1998) y Oceanía (1998).
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