La tragedia de Patricia Maurel y “el nuevo feminismo” de Juan Pablo II
Juan Pablo II mantuvo un encuentro el jueves con 150 representantes del Movimiento para la Vida Italiano, que cuenta con 25 años de existencia.
Además manifestar ardorosamente una vez más que “la coherencia con la paz exige el respeto de la vida desde su concepción hasta su ocaso natural”, alentó a fomentar un “nuevo feminismo”, que sepa “evitar la tentación de correr detrás de modelos machistas”. Juan Pablo II espera que esa nueva forma de feminismo “sepa reconocer y expresar la verdadera genialidad femenina en todas sus manifestaciones de la coexistencia civil, obrando para que toda forma de discriminación, de violencia y explotación sea superada”.
Al elaborar este artículo me llega la lamentable noticia de que Patricia Maurel Conte, candidata del Partido Popular a la Alcaldía de la localidad turolense de La Puebla de Híjar, ha sido asesinada a tiros por su marido.
Para ella y para todas las mujeres de la tierra merece la pena recordar en tan azarosos momentos estas palabras de propio Juan Pablo II, escritas en su “Carta a las mujeres” en 1995. Sin lugar a dudas, se trata de uno de los canto más bellos dirigido a la mujer a lo largo de la historia. Escribía así el Papa:
Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.
Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.
Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.
Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del ” misterio “, a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.
Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta “esponsal”, que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.
Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.
En el amplio texto de la carta, el Pontífice afirma que su “gratitud ” a las mujeres se convierte pues en una llamada apremiante, a fin de que por parte de todos, y en particular por parte de los Estados y de las instituciones internacionales, se haga lo necesario para devolver a las mujeres el pleno respeto de su dignidad y de su papel”.
Casi se podría contestar hoy: “que así sea”.
Almudena Ortiz. Piensaunpoco.com
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