Mel Gibson y la sonrisa del crucificado
De todas las adaptaciones al cine de la vida de Jesucristo, la que prefiero es la fantasía animada El hombre que hacía milagros, dirigida por Hayes y Sokolov y producida en el 2000 por la factoría de Mel Gibson. Y la prefiero aunque sólo sea porque allí Jesús sonríe de buena gana en un gesto habitual. Todas los demás títulos (entre los que hay espléndidas recreaciones históricas) presentan a un Cristo hierático, más parecido a un Maitreya o a un Zaratustra, a un santón iluminado, en fin, que al Dios hombre de los cristianos. Se diría que han leído a Donoso Cortés y se lo han tomado a pecho. El marqués de Valdegamas, con tan buena intención como poca fortuna, dice, por Jesús, que nadie en la tierra le vio reír: muy propio del Romanticismo de su discurso y de su época, pero hoy insostenible. Si un santo triste es un triste santo, ¿qué es un Dios triste?
Por eso tengo auténtica curiosidad por Passion, la nueva película que sobre las últimas horas de Jesucristo ha realizado (o está realizando, no lo sé) Mel Gibson. Parece ser que ha intentado la más realista aproximación a lo que fue aquel drama. De hecho, dice que no será conveniente para menores de trece años. Ciertamente, una crucifixión, filmada con el ánimo naturalista que impregna el cine comercial de hoy, ha de resultar espeluznante y, por ello mismo, aleccionadora. Con ese mismo ánimo realizó Gregorio Fernández las imágenes que han alimentado la piedad castellana durante siglos.
Gibson se expone al escándalo farisaico, y creo que lo sabe. Gente que no habría dicho una palabra contra La matanza de Texas o Viernes 13 estará dispuesta a saltar clamando contra la violencia de esta película. Lo digo porque algo se advierte ya en las preguntas de los entrevistadores. Sin embargo, el primer dardo no ha venido de esa dirección. Un periodista del New York Times ha hecho ya el primer rasgado de vestiduras porque, según él, la película destaca la responsabilidad del clero judío en la muerte de Cristo.
Y me pregunto por qué la verdad ha de ser objeto de escándalo. Me lo pregunto retóricamente, claro, porque ya Quevedo ironizaba: pues amarga la verdad, yo quiero echarla de mi boca. Desde el punto de vista histórico, es indiscutible que fue la contumacia de las autoridades judías la que llevó a la cruz a Jesús de Nazaret. Sin embargo, a pesar del caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos pronunciado por la turba, los cristianos sabemos que, en un orden superior de las cosas, somos todos y cada uno de los seres humanos quienes condenamos a muerte a Cristo, y esa es la única razón por la que acudimos al sacramento de la Penitencia y hacemos los ayunos previstos en la Cuaresma. Esa es la razón por la que perseguir a los judíos como deicidas es carecer de la mínima instrucción religiosa. Fuera de eso, cada uno puede ver lo que quiera en una película, pero no puede reprocharle que diga lo que dice la historia.
Todavía no hay comentarios
Replica