Archivo de Febrero 2003|Página de archivo por mes

25 de febrero. Santos Victorino y compañeros mártires

Victorino, Victor, Nicéforo, Claudiano, Dióscoro, Serapión y Papias eran ciudadanos de Corinto, al principio del reinado de Decio, y confesaron ahí mismo la fe en Nuestro Señor ante el procónsul Tercio. Luego de ser torturados fueron enviados a Egipto y completaron su martirio a manos del gobernador Sabino.

Victorino y Victor fueron despedazados en un mortero de mármol, Nicéforo saltó por su propio pie al mismo pozo de destrucción, al final su audacia molestó al juez quien ordenó se le matara a golpes. Claudiano fue descuartizado, Diáscoro fue quemado vivo, mientras que Serapión fue colgado de los pies y luego fue decapitado, y finalmente Papias, fue arrojado al mar con una piedra atada al cuello.

La ejecución de los mártires tuvo lugar el 25 de febrero, día en que es conmemorado por los Martirologio de occidente. Los griegos veneran su memoria el 21 de enero, fecha en que confesaron la fe en Corinto.

«Rosario mundial» por la paz el 1 de marzo

CIUDAD DE MÉXICO, 24 febrero 2003 (ZENIT.org).- Ante a propuesta de Juan Pablo II a los católicos de todo el mundo de rezar por la paz, los organizadores de la ya tradicional «Jornada Mundial del Rosario» han invitado a organizar rosarios multitudinarios en todos los continentes para rezar por la paz este próximo sábado, 1 de marzo.

La iniciativa servirá además para preparar la gran Jornada de Oración y Ayuno por la Paz convocada por Juan Pablo II para el Miércoles de Ceniza, 5 de marzo.

El «Rosario mundial», que se celebró el 5 de octubre de 2002 por séptimo año consecutivo con la adhesión de parroquias, movimientos apostólicos, comunidades y familias de todos los continentes, surgió por iniciativa de católicos laicos mexicanos.

Prevé la organización de encuentros multitudinarios de esta oración a la que el Papa ha querido dedicar este año. Para más información puede visitar http://www.churchforum.org o comunicar la adhesión al «Rosario mundial» puede enviar un mensaje a : rosario@churchforum.org

Nicaragua: combatir el horror con el horror

Jesús Sanz Rioja (Piensaunpoco.com). Elogiábamos hace poco el talante humanista y cristiano del jefe de la oposición, Rodríguez Zapatero, que se mostró acorde con el viejo principio moral según el cual es ilícito hacer un mal para conseguir un bien. Era a propósito del tema que acapara titulares estos días, es decir, la posibilidad de un ataque preventivo contra Irak. Ahora ha saltado a los foros otro asunto que ha permitido contrastar algunas opiniones y, por tanto, ver dónde está cada uno.

Es triste que se produzcan episodios de tal brutalidad, pero ya que ha de ser así, ello tiene la ventaja de contribuir a aclarar conceptos. La violación de una niña nicaragüense de nueve años (que en aquellas latitudes equivale a la pubertad), su posterior embarazo y el aborto decidido por sus padres ha vuelto a dejar prácticamente sola a la Iglesia católica en su empeño por mostrar que la vida humana es un valor absoluto y un fin en sí mismo. Para aquellos que piensan que el valor de la persona está en función de sus posibilidades de disfrute material, no sólo es consecuente proceder al aborto, sino a la eliminación, dulce y aséptica a ser posible, de la propia madre y aun del violador, que sobreviven en un entorno de miseria sólo concebible por quien lo ha visto y vivido. Esto último, lo de matar madre y padre, no lo ha dicho nadie aún, pero es la consecuencia última de su modo de razonar. La Iglesia lo sabe y se reafirma en no dar el primer paso, en no abrir una primera compuerta que sería el prólogo a una inundación catastrófica.

El dilema entre eliminar de modo directo una vida humana, por demás inocente del modo en que fue engendrada, o permitir su evolución con la posibilidad de la muerte de la criatura y de la madre, no tiene más que un desenlace correcto y sensato: la opción por el derecho a la vida del inocente, asumiendo el riesgo que, por otra parte, el mero hecho de vivir lleva consigo. Pues es dudoso que de otro modo se obtenga un bien (nunca lo es cargar una vida sobre la conciencia) ni que se evite un mal (la muerte de la criatura o de la madre era sólo una probabilidad y al parecer no muy próxima). Parece como si por fuerza hubiese que llevar alzacuellos para pensar en esta onda, pero me resisto a creerlo. Sin embargo, se ha impuesto la irracionalidad sin que ningún político haya levantado su voz para detenerla. Nos quedaba Zapatero, pero al parecer ha sido desbordado por la rapidez de los hechos.

24 de febrero. San Vartán y compañeros

Se sitúa su martirio en el siglo I. En aquel tiempo, el emperador romano envió a su primo Vartán a Sanadruk, rey de Armenia, acompañado de cuatro funcionarios de alto rango. Encontraron en la corte a san Judas que intentaba sin éxito convertir al rey Sanadruk. Ellos, en cambio, creyeron de inmediato en el Evangelio y fueron bautizados.

Cuando se enteró Sanadruk hizo que mataran al apóstol Judas. Saliendo de incógnito de la corte, los nuevos cristianos buscaron un lugar apartado donde poder, sin peligro de muerte, practicar los consejos evangélicos. Lo encontraron en las fuentes del Eufrates y se establecieron allí, dedicándose en adelante sólo a la oración y a la agricultura.

Con el paso de los años volvió a rondarles la idea de que tal vez era el momento de intentar de nuevo la conversión de Sanadruk. Se pusieron en camino, pero dieron media vuelta al saber que el monarca armenio había prometido exterminar a cuantos cristianos cayeran en sus manos. Un gran consuelo les esperaba en el camino de regreso. Se encontraron a tres georgianos que iban a visitar a su prima la reina de Armenia. Vartán los bautizó y, como manifestaran vocación religiosa, regresaron todos juntos a las fuentes del Eufrates.

Vivieron felices allí bajo la dirección de Vartán hasta el día en que llegó el hijo de Sanadruk con intención de matarles por haberse hecho cristianos. De paso, también dieron muerte a Vartán y a sus amigos romanos, acusados de hacer proselitismo en el reino.

Guerra y equivalencia moral

No sé si conocen el chiste. Es muy viejo y bastante cruel. Un tipo le dice a un amigo: “¡Qué semana llevamos, tío; tú pierdes un hijo y yo un bolígrafo!”.

He tenido muchas ocasiones de acordarme de este chiste en las últimas semanas, viendo a cientos de miles de occidentales manifestándose bajo pancartas del tipo: “Bush = Sadam”. Claro, y perder un hijo y perder un bolígrafo son pérdidas, después de todo.

Estoy contra la guerra, pero la equivalencia moral de que hacen gala los supuestos pacifistas es para vomitar. Marchar por las calles norteamericanas bajo un letrero que rece “Bush = Hitler” es la prueba más evidente de que tal letrero es mentira. Si Bush fuera Hitler, si EEUU fuera una dictadura, tú no te estarías manifestando. En Bagdad no hay manifestaciones contra Sadam, el único líder desde Stalin en obtener un cien por ciento de los votos en unas elecciones.

23 de febrero. San Policarpo, obispo y mártir (+ 155)

Si quisiéramos resumir la vida de este hombre, de este gran Obispo, habría que hacerlo en una sola palabra: Amor.

Amó y supo enseñar el amor único y verdadero. Todo lo demás debía, -decía él- ser colocado al servicio de este Amor… Todos sabían de la gran bondad y tierno corazón de Policarpo. El fue duro consigo mismo, pero muy suave y dulce para con los demás. De sus labios brotaron palabras de amor y cariño y no sólo palabras, sino hechos maravillosos a favor de los pobres y enfermos. A todos atendía con caridad sin igual y como si del mismo Maestro se tratara. A veces hasta los niños quedaban extasiados escuchando sus ardorosas palabras. Uno de estos niños que no perdía palabra de cuanto oía a este anciano venerable, se llamaba Irineo, quien llegaría a ser Obispo de Lyon y un gran Padre de la Iglesia.

Durante la persecución de los cristianos es apresado y aquellos hombres embravecidos quieren atarle para arrojarle a las llamas. El pide que no lo atendiciendo: “Aquél que me ha dado la voluntad de sufrir, me dará la fuerza”.

Antes de expirar, Policarpo, con gran asombro de todos los presentes, exclama con valentía: “Dios de los ángeles, os doy gracias porque es un gran honor para mí, poder acercar mis labios al cáliz que bebió Jesucristo, tu Hijo”. Y aquel 22 de febrero del año 155, expiraba santamente este “Padre de los cristianos y Príncipe del Asia”.

Ayuno y oración por la paz

Intervención de Juan Pablo II este domingo antes de rezar la oración mariana del «Angelus» junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

¡Queridos hermanos y hermanas!

1. Desde hace meses la comunidad internacional vive con gran aprensión por el peligro de una guerra que podría turbar a toda la región de Oriente Medio y agravar las tensiones ya presentes por desgracia en este inicio de milenio. Es un deber para los creyentes, independientemente de la religión a la que pertenezcan, proclamar que nunca podremos ser felices los unos contra los otros; el futuro de la humanidad nunca podrá asegurarse con el terrorismo y la lógica de la guerra.

Nosotros, los cristianos en particular, estamos llamados a ser los centinelas de la paz, en los lugares en los que vivimos y trabajamos. Es decir, se nos pide que vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia.

2. Invito, por tanto, a todos los católicos a dedicar con particular intensidad la jornada del próximo 5 de marzo, Miércoles de Ceniza, a la oración y al ayuno por la causa de la paz, especialmente en Oriente Medio.

Ante todo, imploremos de Dios la conversión de los corazones y la amplitud de miras en las decisiones justas para resolver con medios adecuados y pacíficos las contiendas que obstaculizan la peregrinación en nuestro tiempo.

En todo santuario mariano se elevará hacia el Cielo una ardiente oración por la paz con el rezo del Santo Rosario. Confío que también en las parroquias y en las familias se rece el Rosario por esta gran causa de la que depende el bien de todos.

A esta invocación común se le acompañará el ayuno, expresión de penitencia por el odio y la violencia que contaminan las relaciones humanas. Los cristianos comparten la antigua práctica del ayuno con muchos hermanos y hermanas de otras religiones, que de este modo quieren desnudarse de toda soberbia y disponerse a recibir de Dios los dones más grandes y necesarios, entre los cuales y de manera particular el de la paz.

3. Ya desde ahora pedimos para esta iniciativa, que se enmarca en el inicio de la Cuaresma, la especial asistencia de María Santísima, Reina de la Paz. ¡Que por su intercesión pueda resonar con nueva fuerza en el mundo y encontrar concreta acogida la bienaventuranza evangélica: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5, 9)!

22 de febrero. La Cátedra de San Pedro

Se ha discutido mucho si el origen de la conmemoración de la “Cátedra de San Pedro” proviene de la veneración que se tributaba en la Iglesia primitiva a la cátedra material en la que se sentaba el Apóstol o si, desde el principio se trataba de un glorificación del oficio pontificial conferido a San Pedro y a sus sucesores por la consagración. Así pues es absolutamente cierto que a mediados del siglo IV, pocos años después de la muerte del Emperador Constantino, la Iglesia de Roma celebraba una fiesta relacionada con la consagración y el oficio pastoral del San Pedro.

Uno de los elementos más importantes de la cuestión es el hecho de que lo paganos celebraban el 22 de febrero la conmemoración de los difuntos y por lo cual, “no se celebraban matrimonios y los templos permanecían cerrados”.

A la conmemoración de los difuntos seguía la fiesta de los parientes vivos o Charistia, que no formaba parte de la liturgia oficial. Esto nos hace suponer que que la institución de la fiesta de la cátedra de San Pedro tuvo originalmente la finalidad de sustituir los ritos paganos. Probablemente la celebración litúrgica variaba poco, aunque en unas partes fuese conocida con el nombre de “la Cátedra de san Pedro en Roma” y en otras con el nombre de la “deposición de los Santos Pedro y Pablo”.

21 de febrero. San Pedro Damián obispo y doctor de la Iglesia (1007-1072)

Si nos dejáramos guiar a veces por las apariencias, nuestros errores serían enormes. La Divina Providencia sabe guiar nuestros pasos, aunque en tantas ocasiones no lo sepamos apreciar. Así pensaría en el oscuro porvenir este niño que lo abandonan sus padres, que lleva vida de difícil desde muy pequeño, que cuando ya es mayorcito, un hermano suyo lo trata con inusitada crueldad y para que pueda comer, lo envía a guardar sus cerdos… Pero el Señor le dió un corazón de oro y unas cualidades nada comunes, que después alguien sabrá apreciar. Va un día de camino y se encuentra una moneda de oro. Nunca había visto cosa tan preciosa. En lugar de comprarse algo útil o superfluo, entra en una Iglesia y con aquella moneda encarga que celebren una Misa por sus ya difuntos padres.

Un hermano suyo, que era arcipreste de Ravenna, se encuentra con él y lo toma bajo su cuidado. Le hace que estudie y pronto descubre en él cualidades tan extraordinarias, que muy pronto le harán escalar todos los más difíciles puestos, tanto en la cátedra como en la Iglesia. No pensarían los que le vieron llevar una vida infrahumana y cuidando puercos, que un día llegaría el Papa Alejandro II a presentarlo al Episcopado de Francia, como su Legado, y les escribiría: “Os enviamos al que después de nos tiene la mayor autoridad en la iglesia romana, a Pedro Damián, cardenal obispo de Ostia, que es como la pupila de nuestros ojos y el más firme baluarte de la Sede Apostólica…”

Mientras estudiaba fue la admiración de todos sus compañeros y profesores. A pesar de gustarle tanto la ciencia no le llenaba por completo y aspiró a algo más sólido y duradero. Abandonó el género de vida que llevaba y se entregó al asunto más importante: el de cuidar su alma. Pidió ser admitido en el Monasterio de Fon Tavellana como religioso… Pronto sus cualidades llaman la atención y es elegido por unanimidad superior del Monasterio. Es un modelo de observancia para todos los monjes. Sobre todo se distingue en dos cosas: su fervorosa y prolongada oración y su penitencia o maceración de su cuerpo. Durante este tiempo publica su preciosa obra “Alabanza de la Disciplina”, en la que sin intentarlo, hace una maravillosa fotografía de sí mismo. “El monje dice él- debe ser sacrificado y privarse de muchas cosas que tendría en el mundo…”

Pronto el Papa Esteban IX lo nombra Cardenal, a pesar de que él luchó por verse libre de este honor. Quiso tenerlo cerca de sí y le nombró a la vez Obispo de Ostia. Desde allí ilumina y fustiga las herejías de cualquier tipo: Simonía, relajación de costumbres entre el clero, intromisión de los poderes civiles en lo eclesiástico…

A todos llega su benéfica acción. Escribe también temas tan necesarios como “el Celibato”, “la Virginidad”, “la entrega a Jesucristo”. Dice cosas muy bellas sobre la Virgen María, a la que ama con toda su alma, y como buen hijo, extiende su verdadera devoción por todas sus correrías. De él es esta frase que es todo un programa de vida: “Todos los cristianos tienen que vivir la locura de la cruz y apartarse de toda filosofía terrestre, animal y diabólica, contraria al evangelio”. San Pedro Damían murió el 22 de febrero de 1072 agotado por sus trabajos.

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