Año Nuevo en China: acción de gracias y fraternidad cristiana

Pekín (Agencia Fides) – La fiesta del Año Nuevo en China se llama en chino “Guo nian”: es la fiesta de la primavera y de la acción de gracias, en la que se da gracias a la madre naturaleza por las cosechas del año. Esta fiesta es también una ocasión para adorar a los dioses y a los antepasados.

Según la leyenda, “nian” es un animal que trae mala suerte; “guo” significa “pasar o superar”. “Guo nian” por tanto quiere decir superar o pasar la mala suerte. La fiesta sigue el calendario lunar y por eso cada año la fiesta cae en un día distinto: este año cae el 1 de febrero. Las familias se reúnen para celebrar juntas la fiesta, después de un mes de prolongada preparación: cada día del mes hay un programa específico, como por ejemplo la limpieza de la casa, poner el “chun lian” en la puerta (una especie de banda roja con palabras de augurio), preparar la pasta que se consumirá en el primer día del año nuevo (según la tradición no se puede trabajar en el primer día de Año Nuevo, porque si no se fatigará todo el año). La primera cosa que hay que hacer en la mañana de Año Nuevo es adorar a los antepasados, así los más pequeños rinden homenaje a los mayores, hacen visitas a parientes, amigos…

La Iglesia católica china no se ha olvidado de la dimensión espiritual de la fiesta tradicional de Año Nuevo. Para la Iglesia es un momento de fraternidad, de compartir cristiano y de evangelización. En preparación para la fiesta, las parroquias de Pekín organizaron varias iniciativas. Los sacerdotes guiaron a sus feligreses a visitar el “Centro HuiLing” y “PeiZhi”, dos Centros que acogen a niños minusválidos mentales y físicos, llevándoles algunos dones: libros, CDs musicales, juguetes… Según las noticias del boletín católico de Pekín, el vicario parroquial de la parroquia de San José con sus feligreses visitó a las familias pobres o en dificultad, llevando ayudas alimentarias; la parroquia de San Miguel recogió fondos para el centro de los leprosos de Shannxi administrado por un misionero coreano; la parroquia de San Salvador organizó la visita al asilo de ancianos; la parroquia de la periferia de Pekín preparó ayudas para todas las familias pobres, sin distinción de religión o etnia. Muchos niños, jóvenes y mayores que han visitado estos centros se han quedado sorprendidos y conmovidos.

Un católico que participó en esta iniciativa dijo: “Yo pensaba que era yo quien tenía que llevar las ayudas a los demás, pero en realidad es todo lo contrario. Por fin he entendido lo que significa la homilía de los sacerdotes durante la Misa. El amor y la caridad cristianos, si no fueran una acción concreta, no tendrían ningún sentido. Hemos decidido hacer con más frecuencia estos gestos concretos, que más bien serán un programa fijo en nuestro grupo de oración”.

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