Archivo de Enero 2003|Página de archivo por mes
2 de febrero. La Presentación del Señor
Esta fiesta, que también se le llama “La Candelaria”, es de origen oriental. La celebración era -hasta el siglo VI a los cuarenta días de la Epifanía- el 15 de febrero; después pasó a celebrarse el día 2, por ser a los cuarenta días de la Navidad, el 25 de diciembre. A mediados del siglo V se celebra con luces y toma el nombre y color de “la Fiesta de las Luces”.
Hasta el Concilio Vaticano II se celebraba como fiesta principalmente mariana, pero desde entonces ha pasado a ser en primer lugar Cristológica, ya que el principal misterio que se conmemora es la Presentación de Jesús en el Templo y su manifestación o encuentro con Simeón. El centro, pues, de esta fiesta no sería María, sino Jesús. María entra a formar parte de la fiesta en cuanto lleva en sus brazos a Jesús y está asociada a esta manifestación de Jesús a Simeón y a la anciana Ana.
Hasta el siglo VII no se introdujo esta fiesta en la Liturgia de Occidente. Al final de este siglo ya estaba extendida en toda Roma y en casi todo Occidente. En un principio, al igual que en Oriente, se celebraba la Presentación de Jesús más que la Purificación de María.
No se sabe con certeza cuándo empezó a celebrarse la Procesión en este día. Parece ser que en el siglo X ya se celebraba con solemnidad y empezó a llamarse a la fiesta “Purificación de la Virgen María”. Durante mucho tiempo se dio gran importancia a los cirios encendidos y después de usados en la procesión eran llevados a las casas y así se encendían en alguna necesidad.
La ley de Moisés mandaba que toda mujer que diera a luz un varón, en el plazo de cuarenta días, acudiera al Templo para purificarse de la mancha legal y allí ofrecer su primogénito a Yahvé. Era lógico que los únicos exentos de esta ley eran Jesús y María: El por ser superior a esa ley, y Ella por haber concebido milagrosamente por obra del Espíritu Santo. A pesar de ello, María oculta este prodigio y… acude humildemente como cualquier otra mujer a purificarse de la que no estaba manchada.
Una vez cumplido el rito de ofrecer los cinco ciclos legales después de la ceremonia de purificación, la Sgda. Familia estaba dispuesta para salir del Templo, cuando se realizó el prodigio del encuentro con Simeón, primero, y con la anciana Ana, después.
Contraste de la vida: el mismo Infante está llamado para ser Luz y gloria y a la vez, escándalo y roca dura contra la que muchos se estrellarán.
“Corramos todos, -dice un santo Obispo- al encuentro de Jesús los que con fe celebramos y veneramos este misterio. Vayamos todos con el alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz. Dejemos que esta luz nos penetre y nos transforme”.
1 de febrero. Brígida, virgen († c.a. 524)
Patrona de Irlanda junto con los santos Patricio y Columba.
Parece una contradicción, pero a pesar de su gran fama que la hace pasar por la santa más conocida de Irlanda y de estar unidos a su figura gran cantidad de elementos festivos y folclóricos se conocen muy pocos hechos históricos sobre su vida.
Fue Cogitosus que vivió del 620 al 680 su primer biógrafo, pero -lastimosamente- poco escribe acerca de la vida terrena de la santa; su escrito se pierde en descripciones sociales y religiosas en torno al monasterio de Kindale, probablemente mixto y con jurisdicción quasi-episcopal, fundado por Brígida. También existen himnos y poemas irlandeses de los siglos VII y VIII que en sí mismos testimonian el culto que se tributaba a la santa irlandesa. Un poco más adelante, el obispo de Fiésole, Donatus, a mitad del siglo IX, escribe su vida en verso y este debió ser el vehículo de la rápida difusión de su culto por Europa.
Pero de esta carencia de datos que impiden el diseño de un perfil hagiográfico completo; la religiosidad popular y el calor de las gentes por su santa ha suplido con creces la grandeza de su vida fiel al Evangelio y entregada a su vocación religiosa. Veámoslo.
Del hecho de pertenecer Brígida a una tribu inferior en su tiempo, concretamente la de Forthairt, la fantasía la hace nacer del fruto de la unión -extraña al matrimonio- de su padre, Duptaco, con una bellísima esclava, con todos los problemas que esto produce en el entorno familiar legítimo, desde el disgusto de la esposa hasta la proposición de su venta. Claro que de esto se sacará la noble lección de que Dios puede tener planes insospechados para los espúreos inculpables que pueden llegar a las cimas más altas de la santidad y dejar tras de sí una estela de bien para la gente.
Heredada la extrahermosura de su madre, para no ser ocasión de pecado y no ser ya más pedida en matrimonio, pide a Dios que la haga fea. ¿Para qué quiere la hermosura quien sólo piensa en Dios? Ha decidido entrar en religión. Derrama lágrimas abundantes y son escuchados sus ruegos con un reventón del ojo; por este favor da gracias a Dios que luego le devuelve todo su esplendor. La lección está clara: quien posee al Amor desprecia lo que a tantas vuelve locas y vanas para alcanzar un amor.
También los pobres están presentes en el relato; no podría concebirse santidad sin caridad. Y ahora es la vaca su cómplice; nunca se secaron las ubres, una y otra vez ordeñadas por Brígida, cuando había que remediar a un menesteroso. La vaca ha quedado presente, como emblema, en las representaciones pictóricas de los artistas, junto a la imagen de la santa.
Y aún hay más; sí, son inagotables los relatos de bondades. Se habla de leprosos curados y de monjas tibias descubiertas; la muda Doria comienza a hablar y termina sus días como religiosa en el convento; frustra asesinatos; da vista a ciegos y… como expresión del estilo de un pueblo ¡convierte el agua de su baño en cerveza para apagar la sed!
Los himnos, versos, poemas y canciones populares -con sencillez y regocijo- muestran el calor de un pueblo por su santa y dice con sus leyes lo que las de la crítica histórica ni puede ni debe decir.
El lunes el Vaticano presenta un documento sobre la New Age
Dos dicasterios vaticanos presentarán este lunes 3 de febrero en la Santa Sede el documento Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la New Age, un texto esperado desde hace años sobre el contenido de este movimiento espiritual. Lo presentarán el cardenal Paul Poupard, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, y el Arzobispo Michael Louis Fitzgerald, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso. Sus dicasterios han sido los encargados de redactar el documento.
En un estudio publicado por la revista argentina Cristiandad, la doctora María Isabel Terneiro define la New Age como un movimiento seudo-espiritual de corte esotérico y ocultista, pagano, que incluye teorías erróneas y herejías condenadas por la Iglesia, las cuales contradicen verdades fundamentales de la Fe Cristiana. Su finalidad es llevar al hombre a creer que puede llegar a ser dios. La New Age se ha traducido en español como “Nueva Era”, pero es más correcto decir “Nueva Edad”. Los seguidores de esta corriente también la llaman “Era de Acuario” y “Edad de Oro”. Por los fines que persiguen, otros la denominan “Configuración de Acuario” o “Conspiración Acuariana”.
Mássimo Introvigne, director del Centro de Estudios de Nuevas Religiones de Roma, considera que la New Age es consecuencia de la evolución de la mentalidad religiosa en el siglo XX. La primera etapa de ésta la resume en el lema Iglesia Católica NO, Cristo SI y consiste en la penetración de las sectas de origen cristiano y el descrédito de la Iglesia y sus sacerdotes: La segunda etapa es Cristo NO, Dios SI y en ella se difunden la religiosidad oriental y los gurús. En la tercera etapa, resumida en Dios NO, Religión SI, los asuntos seculares se convierten en cuasi religiosos, como los movimientos de desarrollo del potencial ilimitado del ser humano. La cuarta etapa, Religión NO, Espiritualidad SI, es la de la promoción de creencias y prácticas de ocultismo como sagradas. En este momento aparece la New Age.
Cardenal Sodano: ¿A quién beneficiará esta guerra?
El secretario de Estado vaticano analiza el posible ataque a Irak
ROMA, 30 enero 2003 (ZENIT.org).- El cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado del Vaticano, ha pedido a Estados Unidos y Gran Bretaña que analicen tanto los aspectos morales de una posible guerra contra Irak, como las consecuencias que ésta podría tener.
«¿A quién le conviene enfrentarse a mil millones de musulmanes y correr el riesgo de tener décadas de hostilidad del mundo islámico?», preguntó el purpurado italiano este martes en la Nunciatura de la Santa Sede en Italia, donde festejó sus 25 años de episcopado.
En un encuentro informal con periodistas, el brazo derecho del Papa en la guía de la Santa Sede, confirmó que el Vaticano está comprometido «con todos los medios a su disposición (escritos, teléfono, encuentros…)» para buscar una solución a esta crisis.
El cardenal recordó a los jefes de Estado occidentales que éticamente no es justificable una «guerra» de ataque, y menos si es «preventiva», pues lo que contempla el Catecismo de la Iglesia Católica es más bien el derecho a la legítima defensa de un país.
En este sentido, aseguró que «Occidente tiene el derecho a defenderse del terrorismo», pero también tiene la obligación de hacerlo según la moral.
Esto plantea la cuestión del choque de civilizaciones, «ciertamente mal presentado por algunos, pero posible».
De todos modos, señaló, «no hay un solo Islam, en su interior hay mucha tendencias y embajadores islámicos ante la Santa Sede hablan de tolerancia», aunque se da «el problema de las situaciones de los cristianos que sufren» en algunos de esos países.
Por lo que se refiere al conflicto israelo-palestino, el secretario de Estado opinó que ha habido «errores y ceguera por ambas partes, pero los dos pueblos deben llegar a tener dos Estados con fronteras seguras».
31 de enero. San Juan Bosco, presbítero
(1815-1888) Es el santo de la juventud, el santo de los obreros, el santo de la alegría, el santo de Ma. Auxiliadora.
Nació en el año de 1815 en Becchi-Piamonte (Italia), de padres humildes pero muy buenos cristianos. De su santa madre recibió una profunda educación cristiana y un gran amor a la Virgen María junto con un gran respeto hacia los Sacerdotes. Ambas cosas quedaron profundamente impresas en su alma.
Desde niño demostró estar en posesión de cualidades nada comunes en todos los sentidos: era simpático, agudo, inteligente, trabajador. De pequeño, después de joven, pero sobre todo de Sacerdote, trabajará tanto que parece imposible cómo en sólo 72 años de vida pudo realizar tántas y tan importantes obras.
Cuando vistió el hábito clerical le amonestó aquella santa mujer que fue su madre: “Puedes imaginarte, hijo mío, la gran alegría que embarga mi corazón, pero, por favor, no deshonres nunca este hábito. Sería mejor que lo abandonaras. Cuando viniste al mundo te consagré por entero a la Virgen María; cuando comenzaste los estudios te recomendé la tierna devoción hacia ella; ahora te encarezco que seas todo de ella… si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre su devoción…”
Tenía muchos SUEÑOS y todos ellos muy famosos y se cumplían. Se ordenó Sacerdote en 1841 y desde entonces no paró hasta dar cobijo y digna educación a tantos niños que veía abandonados por las calles. El rezo de un Ave María hizo el milagro y fue el primer eslabón de esta maravillosa cadena de sus ORATORIOS. Centenares, millares de niños abandonados encontraron calor, educación, comida, vestido y cobijo cariñoso como en su propia casa.
Mamá Margarita y su hijo se desvivían por ayudar a aquellos rapaces que el día de mañana serían buenos padres cristianos. Dos eran las armas de que se servía, sobre todo, Don Bosco, para formarles: LA EUCARISTIA Y LA PENITENCIA. Estos dos sacramentos obraban maravillas en aquellos jóvenes. Obraba milagros, pero siempre atribuía el mérito a la VIRGEN AUXILIADORA. Para continuar su OBRA en 1857 San Juan Bosco fundó los “Salesianos” y poco después las “Hijas de María Auxiliadora”. Antes de que muera verá su obra extendida por varias naciones del mundo.. Muere el 31 de enero de l888.
Año Nuevo en China: acción de gracias y fraternidad cristiana
Pekín (Agencia Fides) – La fiesta del Año Nuevo en China se llama en chino “Guo nian”: es la fiesta de la primavera y de la acción de gracias, en la que se da gracias a la madre naturaleza por las cosechas del año. Esta fiesta es también una ocasión para adorar a los dioses y a los antepasados.
Según la leyenda, “nian” es un animal que trae mala suerte; “guo” significa “pasar o superar”. “Guo nian” por tanto quiere decir superar o pasar la mala suerte. La fiesta sigue el calendario lunar y por eso cada año la fiesta cae en un día distinto: este año cae el 1 de febrero. Las familias se reúnen para celebrar juntas la fiesta, después de un mes de prolongada preparación: cada día del mes hay un programa específico, como por ejemplo la limpieza de la casa, poner el “chun lian” en la puerta (una especie de banda roja con palabras de augurio), preparar la pasta que se consumirá en el primer día del año nuevo (según la tradición no se puede trabajar en el primer día de Año Nuevo, porque si no se fatigará todo el año). La primera cosa que hay que hacer en la mañana de Año Nuevo es adorar a los antepasados, así los más pequeños rinden homenaje a los mayores, hacen visitas a parientes, amigos…
La Iglesia católica china no se ha olvidado de la dimensión espiritual de la fiesta tradicional de Año Nuevo. Para la Iglesia es un momento de fraternidad, de compartir cristiano y de evangelización. En preparación para la fiesta, las parroquias de Pekín organizaron varias iniciativas. Los sacerdotes guiaron a sus feligreses a visitar el “Centro HuiLing” y “PeiZhi”, dos Centros que acogen a niños minusválidos mentales y físicos, llevándoles algunos dones: libros, CDs musicales, juguetes… Según las noticias del boletín católico de Pekín, el vicario parroquial de la parroquia de San José con sus feligreses visitó a las familias pobres o en dificultad, llevando ayudas alimentarias; la parroquia de San Miguel recogió fondos para el centro de los leprosos de Shannxi administrado por un misionero coreano; la parroquia de San Salvador organizó la visita al asilo de ancianos; la parroquia de la periferia de Pekín preparó ayudas para todas las familias pobres, sin distinción de religión o etnia. Muchos niños, jóvenes y mayores que han visitado estos centros se han quedado sorprendidos y conmovidos.
Un católico que participó en esta iniciativa dijo: “Yo pensaba que era yo quien tenía que llevar las ayudas a los demás, pero en realidad es todo lo contrario. Por fin he entendido lo que significa la homilía de los sacerdotes durante la Misa. El amor y la caridad cristianos, si no fueran una acción concreta, no tendrían ningún sentido. Hemos decidido hacer con más frecuencia estos gestos concretos, que más bien serán un programa fijo en nuestro grupo de oración”.
30 de enero. Jacinta de Mariscotti, abadesa (1585-1640)
Nació cerca de Viterbo, en Vignatello, en el año 1585 del matrimonio formado por Marcantonio Mariscotti y Octavia Orsini, condesa de Vignatallo. Top en la sociedad del tiempo. De sus hermanos hay algo que decir también. Ginebra, que se llamó luego Inocencia, vivió y murió santamente como Terciaria Franciscana de San Bernardino. Hortensia, joven virtuosa que casó con el marqués de Podio Catino, Paolo Capizucchi. Sforza se casó con Vittoria Ruspoli y heredó el título de la familia de los Mariscotti. Galeazo trabajó y murió en la Curia romana.
Se llamó Clarix como nombre bautismal. Sus padres quisieron darle la mejor educación y pensaron que el camino óptimo era ponerla junto a sor Inocencia, su hermana, para que creciera al calor de los buenos ejemplos y virtudes del monasterio. Su intención fue más buena que acertada. Todo lo de fuera le ilusiona, le atrae, le embelesa y encanta más que el aire religioso de dentro. Abandona el monasterio y como conoce su hermosura y la prosapia de su familia, se hace vanidosa, presumida y coqueta. Más, cuando su hermana encontró su buen partido y, enamorada, contrajo matrimonio; ahora se vuelve tan ligera, mundana y extraviada que está a las puertas de su definitiva ruina espiritual. El único camino viable es entrar de la peor gana en el monasterio; y, más por despecho que por vocación, toma el hábito de Terciaria franciscana con el nombre de Jacinta. Tiene veinte años.
Por diez años, que son bastantes, lleva en el convento una vida mundana. Su celda parece un bazar por los lujosos adornos; la piedad en ella es tibieza; la mortificación prescrita, un tedio; hasta recibe las amonestaciones con desprecio.
Pero con treinta años llega la hora de Dios y surge potente la casta noble y cristiana que lleva dentro. Una enfermedad grave la espabila del sueño. Una confesión general es el comienzo. Se suceden los actos de petición de perdón, de arrepentimiento, está horrorizada por el mal ejemplo… suenan las disciplinas en público, da besos en los pies de sus hermanas, obediencia rendida, aceptación de los sufrimientos. La conversa aparece en público alguna vez como animal, con la soga al cuello. Aunque claramente se tiene por la mujer más pecadora la nombran vicesuperiora y maestra de novicias pero ha de vencer su repugnancia a intentar educar a otras que son mejores. Ahora tiene su contento en la oración, es devota del Arcángel san Miguel, ama sin cansancio la contemplación de la Pasión de Jesucristo, la Misa le da lágrimas, las imágenes de la Virgen son su refugio. Le causan pena las almas que pasan por el extravío del pecado y por su recuperación para Dios funda dos cofradías: La Compagnia dei Sacconi para la atención material de los enfermos y ayudarlos a bien morir y La Congregación de los Oblatos de María para avivar la piedad, hacer obras de caridad y fomentar el apostolado de los seglares. Aquí ya quiso recompensar Dios a su sierva enamorada con dones extraordinarios como el de profecía, milagros, penetra los corazones, es instrumento de conversión y el éxtasis es frecuente en ella… Así hasta que murió el año 1640, cuando tenía cincuenta y cinco.
¿Es o no es una linda “esperanza” para quienes, niñas-bien, están lejos?
También para padres “desconfiados” de los poderes del Cielo.
Interesantísimas palabras las pronunciadas por el presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela y arzobispo de Mérida, monseñor Baltazar Porras Cardozo, en la 79ª Asamblea Ordinaria de la Conferencia. El mensaje íntegro se puede consultar en la página web www.cev.org.ve o accediendo directamente al texto en formato Word.
Recogemos aquí parte de la conclusión del escrito:
Intensifiquemos, pues, la oración personal y comunitaria. Realicemos nuestros trabajos en el espíritu de la plegaria que compusimos hace unos meses: “Como hijos de Dios, danos la capacidad de construir la convivencia fraterna, amando a todos sin excluir a nadie, solidarizándonos con los pobres y trabajando por la reconciliación y la paz. Tú nos convocas como nación y te decimos: aquí estamos, Señor, para seguir el camino emprendido y testimoniar la fe de un pueblo que se abre a una nueva esperanza”. Que así sea
El secreto de la auténtica sabiduría
Intervención de Juan Pablo II en la audiencia de este miércoles dedicada a meditar sobre la oración del fiel que pide a Dios el don de la Sabiduría (9, 1-6.9-11).
Dios de los padres, y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.
Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.
1. El Cántico que se acabamos de escuchar nos presenta gran parte de una amplia oración puesta en labios de Salomón, que en la tradición bíblica es considerado el rey justo y el sabio por excelencia. Nos la ofrece el capítulo noveno del Libro de la Sabiduría, un escrito del Antiguo Testamento compuesto en griego posiblemente en Alejandría de Egipto, en los umbrales de la era cristiana. Se puede percibir la expresión del judaísmo vivaz y abierto de la Diáspora hebrea en el mundo helénico.
Este libro nos propone fundamentalmente tres recorridos de pensamiento teológico: la inmortalidad bienaventurada como punto de llegada final de la existencia del justo (Cf. capítulos 1-5); la sabiduría como don divino y guía de la vida y de las opciones del fiel (Cf. capítulos 6-9); la historia de la salvación, en particular del acontecimiento fundamental del éxodo, que comienza con la opresión egipcia, signo de esa lucha entre el bien y el mal, y termina con una salvación plena y con la redención (Cf. capítulos 10-19).
2. Salomón vivió diez siglos antes del autor inspirado del Libro de la Sabiduría, sin embargo ha sido considerado como el iniciador y artífice de toda una reflexión sapiencial posterior. La oración en forma de himno, puesta en sus labios, es una invocación solemne dirigida al «Dios de los padres y Señor de la misericordia» (9,1) para que conceda el don preciosísimo de la sabiduría.
Es evidente en nuestro texto la alusión a la escena narrada en el Primer Libro de los Reyes, cuando Salomón, en los inicios de su reino, se dirigió a los altos de Gabaón, donde se levantaba un santuario, y después de haber celebrado un grandioso sacrificio, en la noche tiene un sueño-revelación. Por petición misma de Dios, que le invita a pedirle un don, él responde: «Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal» (1 Reyes 3, 9).
3. La inspiración ofrecida por esta invocación de Salomón se desarrolla en nuestro Cántico en una serie de llamamientos dirigidos al Señor para que conceda el tesoro insustituible de su sabiduría.
En el pasaje presentado por la Liturgia de los Laudes encontramos estas dos imploraciones: « Dame la sabiduría… Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria» (Sabiduría 9, 4.10). Sin este don, uno se da cuenta de que se queda sin guía, como privado de una estrella polar que orienta las opciones morales de la existencia: «siervo tuyo soy…, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes…, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada» (versículos 5-6).
Es fácil intuir que esta «sabiduría» no es la simple inteligencia o la habilidad práctica, sino más bien la participación en la mente misma de Dios que «con tu sabiduría formaste al hombre» (Cf. v. 2). Es, por tanto, la capacidad de penetrar en el sentido profundo del ser, de la vida y de la historia, yendo más allá de la superficie de las cosas y de los acontecimientos para descubrir el significado último, querido por el Señor.
4. La sabiduría es como una lámpara que ilumina nuestras opciones morales de todos los días y nos conduce por el camino recto «que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos» (Cf. v. 9). Por este motivo la Liturgia nos hace rezar con las palabras del Libro de la Sabiduría al inicio de una jornada, para que Dios con su sabiduría esté junto a mí y «para que me asista en mis trabajos» diarios (Cf. v. 10), revelándonos el bien y el mal, lo justo y lo injusto.
De la mano de la Sabiduría divina nos adentramos confiados en el mundo. A ella nos agarramos, amándola con un amor conyugal como Salomón, que como dice el Libro de la Sabiduría confesaba: «Yo la amé [la sabiduría] y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza» (8, 2).
5. Los Padres de la Iglesia han identificado en Cristo la Sabiduría de Dios, siguiendo a san Pablo, que definía a Cristo «potencia de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1, 24).
Concluyamos con una oración de san Ambrosio, que se dirige a Cristo con estas palabras: «¡Enséñame las palabras ricas de sabiduría, pues tú eres la Sabiduría! Abre mi corazón, tú, que has abierto el libro. ¡Tú abres esa puerta que está en el cielo, pues tú eres la Puerta! Quien se introduzca a través tuyo, poseerá el Reino eterno; quien entre a través tuyo, no se engañará, pues no puede equivocarse quien ha entrado en la morada de la Verdad» («Comentario al Salmo 118/1» –«Commento al Salmo 118/1»– Saemo 9, p. 377).
El periodista que recuperó el Papa
Doménico del Río nació en Roma hace 76 años. Amaba con pasión desde su infancia a la Iglesia y pronto decidió seguir los pasos de san Francisco haciéndose religioso capuchino y sacerdote, recorriendo el mundo como misionero, acudiendo donde se le necesitaba sin muestra de fatiga alguna.
Tras el Concilio Vaticano II, motivos personales le dirigieron en primer lugar, a dejar la vida religiosa y casarse y en un segundo plazo, se convirtió en uno de los mayores críticos de la Iglesia Católica y especialmente del Papa Juan Pablo II.
Desde el diario «La Repubblica»,donde colaboraba, dedicaba feroces diatribas a los viajes evangélicos del Papa, quitándole todo el éxito que obtenían en todo el mundo; de hecho, la Santa Sede no le acreditó como periodista en un viaje que Juan Pablo II realizó por Centroamérica. Esta situación inesperada para Doménico, constituyó una señal de alerta, ante su trayectoria; sin embargo, el cambio definitivo se produjo cuando en una reunión con el Papa, bajo circunstancias que no han trascendido, le invitó a acompañarle al siguiente viaje.
A partir de ese momento se cambiaron las tornas y se convirtió en un partidario acérrimo del Papa, llegando a publicar cinco libros sobre su vida; el último esta a punto de ser publicado y lleva por título «Karol el Grande».
En los últimos momentos de su vida, le pidió a su íntimo amigo Luigi Accattoli, periodista del Corriere della Sera, que le hiciera llegar a Su Santidad un mensaje de agradecimiento, haciéndole constar que sus terribles dudas desaparecieron al ver la fuerza de la fe del Papa y que la sentía especialmente al verle rezar.
El esfuerzo de Doménico, por superar sus debilidades meramente humanas y felizmente superadas, tendrán su segura recompensa. Descanse en paz
José Luis Amat
Dejar un comentario
Dejar un comentario
Dejar un comentario