Una mirada de fe sobre el año que acaba

Cardenal Ricard M. Carles

Es preciso saber encontrar a Dios en los acontecimientos, aunque no tengamos conciencia de verlo en ellos. Se trata de partir de nuestra vida para obtener un mejor conocimiento de Jesucristo. Partimos de toda nuestra vida, pensando que es el camino de Emaús el que hacemos en compañía de Jesús.Para tener conciencia de su compañía, hemos de pararnos y contemplar, en nuestra memoria, los signos de esta presencia y revelación. Decía el cardenal Newman que en el mismo momento en que Dios está en nosotros no discernimos su presencia, sino que lo hacemos cuando ya ha pasado, más tarde, con los ojos de la fe. Sólo con los ojos de la fe.

Algunas referencias bíblicas: en Génesis 18,1-22, el hecho del encinar de Mambré, Abraham no reconoció a Dios; sólo lo reconoció después en aquellos tres viajeros que se acogieron a su hospitalidad. En Génesis 28,12-22, en aquella curiosa noche de Jacob, que ve en un sueño aquella escalera que subía hasta el cielo, Jacob hace este comentario: “Así pues, estaba Yahvé en este lugar y yo no lo sabía”. Otra cita que nos puede ayudar es la de Génesis 32,24-30: “Después de esta lucha, he visto a Dios cara a cara”. Pero durante la lucha no se da cuenta sino que se da cuenta después.

Una última cita del Génesis, que es para mí de las más impresionantes, la del capítulo 45, 5-8. Es el episodio de José cuando se encuentra con sus hermanos. También en el pecado Dios está esperando el arrepentimiento que da paso a su misericordia. José dice a sus hermanos: “Yo soy José, ¿vive aún nuestro padre? Sus hermanos no podían contestarle, porque se habían quedado atónitos ante él”. Entonces José dijo a sus hermanos: “Vamos, acercaos a mí. Se acercaron y él continuó: Yo soy vuestro hermano José, a quien vendisteis a los egipcios. Ahora bien, no os pese mal, ni os dé enojo el haberme vendido acá, pues para salvar vidas me envió Dios delante de vosotros”. Es decir, con una gran mirada de fe, José ve aquella traición de los hermanos como una acción que Dios no quería, pero que aquello que fue un pecado Dios lo ha convertido en un acto de salvación para los hermanos.

E insiste: “Dios me envió aquí antes que vosotros para aseguraros la supervivencia en este país y salvar prodigiosamente vuestras vidas”. A mí me impresiona mucho este pasaje: Dios, que evidentemente no quiere el pecado, sabe convertirlo en bendición. José insiste: “No sois vosotros los que me enviasteis aquí, sino Dios. Él ha hecho que yo fuese como un padre para el faraón, que me ha hecho señor de todas sus posesiones y gobernador de todo el país de Egipto. Subid de prisa a donde mi padre, y decidle: ‘Así dice tu hijo José: Dios me ha hecho dueño de todo Egipto; baja a mí sin demora’.”

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