La Iglesia admite haber sido «más jueces que hermanos» con los gitanos

La marginación, el papel de la mujer, el fracaso escolar y la llegada de gitanos rumanos y portugueses, asignaturas pendientes y principales retos para el futuro

Jesús Bastante. MADRID. (ABC, 19 de diciembre de 2002) «Queremos reconocer que los miembros de la Iglesia no siempre hemos sido buenos samaritanos con los gitanos españoles; también los cristianos han sido hijos de su tiempo en los prejuicios y comportamientos para con este pueblo», señaló ayer el obispo de Cáceres, y presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, Ciriaco Benavente, durante la presentación del documento «La Iglesia de España y los gitanos», aprobado en fechas recientes por la Conferencia Episcopal.

El texto ve la luz con motivo del V aniversario de la beatificación de Ceferino Giménez Malla «el Pelé», primer beato gitano, y en él los obispos asumen que «a veces hemos sido más jueces que hermanos, nos hemos mostrado más distantes que próximos, y no siempre hemos alzado la voz a favor de su dignidad y frente a los estereotipos, vertidos de manera injusta sobre todos los miembros del pueblo gitano en general», una comunidad que en nuestro país está compuesta por unas 600.000 personas, «la inmensa mayoría católica», y cuya presencia en España está documentada desde 1425.

En el documento, el Episcopado realiza un repaso por los principales problemas de su relación con el mundo gitano, alerta de los «prejuicios racistas» que perviven en nuestra sociedad y resalta los valores gitanos, muchos de los cuales «son valores cristianos en sí», como el respeto a la familia, la veneración por los mayores, la concepción humana del trabajo, la hospitalidad, la virginidad de la mujer antes del matrimonio, el respeto a los muertos, el sentido de la libertad y la fidelidad a la palabra dada. «Se sienten españoles, europeos… pero sobre todo gitanos».

Promoción social y aislamiento

No obstante, y tras alabar «el cultivo de los propios valores», los obispos señalan que «no deben servir de coartada para el aislamiento». «El derecho a la diferencia -explica el documento- no implica permanecer anclados en formas culturales que rehúsen abrirse a los mejores y más nobles avances sociales», como «la igualdad de dignidad y derechos del hombre y la mujer, la participación social» y «la asunción de los modos más civilizados de convivencia en sociedad».

Respecto a la incorporación de la comunidad gitana en la sociedad, el documento reconoce que «se han dado muchos pasos en la promoción social de los gitanos, pero queda mucho por hacer», criticando que «se encuentra entre ellos un nivel de pobreza y marginación mayor que la media nacional, que suelen ocuparse en trabajos muy pocos cualificados» y que «los niños gitanos sufren un importante fracaso escolar». En otro momento, los obispos indican que «los gitanos ocupan el último puesto en cualificación laboral, esperanza de vida, acceso a una vivienda digna… y uno de los primeros en población reclusa, paro, droga, fracaso escolar y mortalidad infantil».

Dicha situación se debe, a juicio del Episcopado, a que «la sociedad española no ha superado todavía muchos de sus prejuicios ancestrales. Los gitanos españoles son muy sensibles a los estereotipos y generalizaciones que frecuentemente se vierten sobre ellos», por lo que «es necesario intensificar el trabajo de la Administración y de toda la sociedad para corregir los prejuicios racistas y promover el respeto y el diálogo intercultural».

Con vistas al futuro, el documento episcopal observa con preocupación el aumento de presencia de miembros de esta etnia procedentes de Rumanía y otros países del Este. «Desde hace algunos años -dice el texto- están llegando a nuestro país, junto a los inmigrantes procedentes del Este de Europa, familias de gitanos rumanos, y también es frecuente encontrar algunos gitanos portugueses». Para Guadalupe Romero, responsable de Pastoral Gitana de la Conferencia Episcopal, «muchas veces nos sentimos impotentes ante las situaciones de pobreza y marginación que sufren estos colectivos en toda Europa, pero es que en Rumanía descubres cómo los gitanos están fuera de la sociedad, hasta el punto de que se les prohíbe comprar una vivienda o acceder a un puesto de trabajo».

La mujer y el trabajo

Respecto a la situación de la mujer gitana, los obispos constatan que «se está incorporando con fuerza a la vida laboral, asociativa y a la participación social». Sin embargo, observan que «a no pocas mujeres les queda todavía un largo trecho para alcanzar los niveles deseables de promoción en su condición de mujeres, esposas y gitanas».

En cuanto a su misión en el seno de la Iglesia, el documento episcopal anima a los gitanos a convertirse en «verdaderos sujetos de evangelización». «Queremos -dice el texto- que los gitanos católicos sean los primeros responsables de la evangelización de sus hermanos: que no sean en la Iglesia meros espectadores, sino corresponsables de su vida y misión».

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