La imagen digital no puede con el negativo
La electricidad relegó las velas y los candelabros a cumpleaños y mansiones terroríficas. Y el sereno tuvo que guardar el chuzo en el baúl de los recuerdos. La tecnología que llega suele tener muy poco respeto sobre la precedente: si puede, la asesina. Gutenberg aterrorizó al status del siglo XV al inventar su máquina diabólica, que fue prohibida en algunos países. Pero después se abrió paso sin remisión y los monjes copistas tuvieron que ir al paro. Ahora Internet hace tambalearse casi todo, cuando normalmente lo ‘único’ que hace es ayudar, complementar, mejorar, acelerar, universalizar…
El papel tiembla ante los bits… pero siempre se talarán árboles, incluso para hacer periódicos. Lo mismo ocurre con los haluros de plata y los químicos, que escuchan los pasos sibilinos de la Dama de la Guadaña ante la irrupción de la imagen digital. Pues puede parecer extraño, pero resulta que mientras miles de millones de imágenes tomadas con cámaras digitales, teléfonos móviles, escaneadas, etc., vuelan por esas redes, el aficionado vuelve al negativo, a cambiar de objetivo, al trípode, al laboratorio y ¡al papel! cuando quiere sacar una de esas fotos que merece la pena conservar. Todavía, dice IDC, se toman 100.000 millones de instantáneas sobre negativo que luego son pasadas a papel, una cifra que se mantiene firme desde hace varios años. Más
Parece que el imaginario colectivo relaciona Internet y lo digital con lo rápido, fugaz, efímero, perecedero. Mientras que lo que es para siempre, ‘lo importante’, es algo parecido a un libro grueso y viejo, cubierto de polvo, muy arriba en la estantería de roble. La imagen digital es el ejemplo perfecto: dice IDC que se usa para enviar una foto del nieto a la abuela por email; pero jamás para el retrato del abuelo que ganó una batalla que preside el salón. Y ya no es cuestión de calidad: seis megapíxeles dan mucho juego. Es un asunto de inercia que irá perdiendo fuerza. Porque la tecnología avanza, los precios bajan y las generaciones… mueren.
De todas formas, los apocalípticos del ‘mañana mismo’ siempre nos abandonan antes de que veamos sus predicciones cumplidas. Y volvemos a la fotografía: en dos o tres años la imagen digital alcanzará a la analógica, pero solo porque “las máquinas permitirán al usuario obtener copias de imágenes digitales [¡en papel!] de la misma forma que ahora lo hacen con la película”. Pues eso: los nietos de la generación Play Station seguirán mojando el dedo para pasar página mientras navegan como locos desde la PDA.
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